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lunes, 13 de noviembre de 2017

People Stay

Canciones que marcan una época. Jackson Brown

Cuenta la leyenda urbana...

Cuenta la leyenda urbana que Jackson Brown estaba en un concierto, ya hacia el final, tocando la canción de The load out. Una canción realmente bonita que habla de la importancia del auditorio para un cantante, de la necesidad que el artista tiene de que sigan al autor cantando su canción. Una canción con una ordenada, trabajada y bella melodía que adolece de algo que no sabes qué es, quizás una cierta monotonía, quizás un cierto decaimiento en la historia, quizás de una más que necesaria y notoria explicidad - o sea que se explica demasiado -.



El caso es que, llegando ese concierto hacia el final y decayendo la canción, el público tuvo el imperioso deseo y necesidad de marcharse del concierto, puede que por que se aburriese o porque al hacer el cálculo entre lo bueno del concierto y la larga distancia que hubiera hasta su casa, le compensara salir antes para evitar las dichosas retenciones. Quizá había sido un buen concierto y le hubiera compensado el dinero pagado, pues Jackson Brown, tenía un nombre y cierto prestigio, pero no llegara a emocionarle en ese momento; el caso es que hacia el final de esa canción y mientras decía lo importante que es el público para el artista, parte importante del público "tomó las de Villadiego" y se marchó.

Entonces, dicen las leyendas urbanas que Jackson Brown improvisó una nueva canción que parecía dar continuidad a esa larga y bella canción, a esa larga - y quizas algo tediosa, The Load Out . y surgió una frase más exhortativa y aún más evidente con un crescendo en la canción, un mayor brío rítmico y un juego de voces agudas y graves. Una frase que daba pie a esa canción con la que siempre termina desde entonces The Load Out, una frase que supone una petición al público evidente, al público que se va porque no has llegado a emocionar con tu trabajo, una frase que dice... "People Stay" y que da nombre a esa canción, o a ese final de esa canción.

Y cuenta la leyenda urbana que tras ese People Stay de Jackson Brown la gente volvió a su asiento y se quedó, que tras esa petición improvisada de que se quedara un pocos más, la gente se quedó un poco más. Y, desde entonces, al final de cada concierto de Jackson Briwn este le piode al público que se quede un poco más. Y el público olvida la larga distancia hasta su casa y se levanta para acompañar al cantante con la letras de esa canción, con sus agudas y graves y con su ritmo hasta que el cantante ya dice que no puede más y, cuando el autor va a irse, es el público el que le dice con voices graves y agudas: "People Stay"


The Load out/Stay
Now the seats are all empty
Let the roadies take the stage
Pack it up and tear it down
They're the first to come and last to leave
Working for that minimum wage
They'll set it up in another town
Tonight the people were so fine
They waited there in line
And when they got up on their feet they made the show
And that was sweet--
But i can hear the sound
Of slamming doors and folding chairs
And that's a sound they'll never know

Now roll them cases out and lift them amps
Haul them trusses down and get'em up them ramps
'cause when it comes to moving me
You know, you guys are the champs
But when that last guitar's been packed away
You know that i still want to play
So just make sure you got it all set to go
Before you come for my piano
...
But the band's on the bus
And they're waiting to go
We've got to drive all night
and do a show in chicago
Or detroit, i don't know
We do so many shows in a row
And these towns all look the same
We just pass the time in our hotel rooms
And wander 'round backstage
Till those lights come up and we hear that crowd
And we remember why we came
...
Now we got country and western on the bus
R and b,
we got disco
in eight tracks and cassettes in stereo
We've got rural scenes & magazines
We've got truckers on the cb
We've got Richard Pryor on the video
We got time to think of the ones we love
While the miles roll away
But the only time that seems too short
Is the time that we get to play
People you've got the power over what we do
You can sit there and wait
Or you can pull us through
Come along, sing the song
You know that you can't go wrong
'cause when that morning sun comes beating down
You're going to wake up in your town
But we'll be scheduled to appear
A thousand miles away from here
People stay just a little bit longer
We want to play -- just a little bit longer
Now the promoter don't mind
And the union don't mind
If we take a little time
And we leave it all behind and sing
One more song--
I want to stay -- just a little bit longer
Please, please, please say you will
Say you will
...
I want you stay -- just a little bit longer
Please, please stay just a little bit long
Now the promoter don't mind
And the union don't mind
If we take a little time
And we leave it all behind and sing
One more song--

Como toda leyenda urbana, no sé si es cierto o no eso que cuentan, pero tal como me lo contaron, yo os lo cuento. La Bitácora regresa, lo hará de vez en cuando que tan solo llevamos 98 entradas, y le pide a aquellos a los que le gusta escudriñar por los blogs a ver qué aporta la gente desconocida que pulula por los mundos de Google: "no os vayaís todavía, quedaro un poco más"... People Stay.

Dejemos como quien deja, por descuido, una cartera olvidada un par de esos microrrelatos que por ser mío puedo hacer con ellos lo que quiera.

EL VALLE DE LA ESPERANZA




“Una carpeta solitaria me perturba, me recuerda que en esta incómoda prisión de gusto refinado y confort, mis captores desean algo más. Que no les basta con la moralidad intachable de mi comportamiento, no les interesa mi creatividad..., desean mi silencio; porque si yo hablara, si contara todo lo que sé de esta sigilosa organización..., los muros que sostienen su cómoda existencia se vendrían abajo, el sistema que les alimenta abundantemente sucumbiría de modo inexorable.”

  • ¡Abuelo!, tome la pastilla roja.
  • ¿La pastilla...? Ah..., ah sí, dámela hijito.

“La pastilla roja te conduce al mismo lugar de antes. Tenía que haber cogido la azul para conocer que este mundo es una prisión para mi cerebro, nada más...”

  • ¡Abuelo! La tarta, hoy hace ya siete años que ingresó en El Valle de la Esperanza.
  • Ah, sí. Es verdad hijito..., “la institución que cuida de sus mayores”
      
    HISTORIA DE UN VASO


    Y caí de forma irremediable a un abismo desconocido para mí como quien cae en un círculo vicioso, en una profunda inmensidad de la nada donde el final se precipitaba en una caída libre dibujada en el espacio. Desde allí – en dicho espacio tridimensional - pude contemplar mi yo caído, mi brillante personalidad que se desparramaba y desaparecía para siempre. Decidí, no obstante, antes del postrer instante reflexionar sobre quién fui y los recuerdos imborrables que atesoré con el tiempo..., pues aunque a otros vi en mi circunstancia actual, la situación era novedosa para mí.
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    Mi tiempo comienza, no recuerdo bien cuando, pues fui consciente de mi realidad el día que abrí los ojos sobre la estantería blanca de un comercio de la calle Serrano de Madrid. Allí, en medio del ambiente más lujoso de la ciudad, una tienda pequeña de pequeños útiles finos para el menaje hogareño de las casas con postín, comprendí el lugar que ocupaba en la sociedad. Un lugar de servicio pero elevado con respecto a la media del menaje fabricado. Agrupado en torno a un número impreciso de compañeros similares pude apreciar en ellos el brillo y esplendor del cristal más fino, la calidad más depurada del vidrio importado; como quien se mira reflejado en un espejo, me vi al verme en ellos. A su lado, resultaba yo el punto más brillante – y no exagero nada, que la humildad no está reñida con la verdad – de toda la tienda, en mí se reflejaba diamantina la luz de los infinitos “led” del local. Mi suave tacto era codiciado por todos aquellos que se acercaban a ver la deslumbrante luz que reverberaba en mi codiciado cristal. Extasiados, me palpaban, miraban o hacían sonar una melodiosa canción que yo cantaba al acariciar con ternura el borde del cristal. Los ojos que pasaban delante de mí se detenían al contemplarme. Eran de todas las formas y maneras, ojos que circulaban minuciosos apreciando la delicada calidad del material, manos que los acompañaban – muchas veces – que me alzaban a contra luz para apreciar mi refinada figura llegando, en ocasiones, a soltar un leve gemido a través de unos labios que se encontraban por debajo de los ojos. Después, buscaban inquietos la etiqueta y volvían, tras otro extravagante sonido que brotaba arrogante y estupefacto de los mismos labios, a depositarme sobre la estantería blanca junto al resto de mis compañeros nuevamente. Podía sentir sus pasos escapando del local, podía sentir la vergüenza de su mirada al no ser capaces de alcanzar el valor de mi linaje. Era un codiciado
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    tesoro puesto a la venta al más alto precio imaginable.
    – Otra que pasa y se va, ¿verdad? - Me preguntaba amablemente mi brillante compañero de fatigas mientras yo me recomponía con gesto altivo de las menesterosas manos que me habían acariciado.
    – Estoy deseando que nos saquen de aquí y pasemos a esa mejor vida de la que todos hablan.
    – Yo también – Le respondía pesaroso. A decir verdad aquellos ojos me encendían, esas manos me iluminaban y, si me alzaban, me excitaba con gran nerviosismo para luego alcanzar el paroxismo de la depresión disimulada al depositarme al lado de mis codiciados amigos.
    – ¡Ay, qué lástima! ¡Señor, señor, llévame pronto de aquí! - imploraba mi buen y agorero compañero.
    – Ya verás que sí, el día menos pensado unos ojos hermosos y una mano delicada, se compadece de nosotros y nos busca algo mejor que estar viendo a la bella cafetera de enfrente o a la hermosa espumadera de colores infinitos de allí.
    – ¿Quién, quién?, ¡ah, sí!; ¿es bellísima, eh? Pero me dicen por la derecha que es muy arrogante y que no quiere ser manoseada por nadie. Que cuando alguien la toma en sus manos se vuelve resbaladiza y se deja caer al suelo.
    – Ya, ya lo he oído, pero es que dicen que el suelo del comercio es muy agradable, con un mullido y aterciopelado tacto que te recoge suavemente. Pero nosotros no podemos dejarnos caer como ella; alguna compañera estirada de champán, esas que viven arriba, se ha dejado caer alguna vez y dicen que ya nunca regresó a su lugar. Que, al caer, rozó con algo ahí debajo y se hizo añicos.
    – ¿Añicos dices?, ¿y qué es eso?
    – No lo sé con certeza, pero cuando sucede tienen que llamar a la compañía recogedora de la tienda y se los llevan a “cubodebasura”. Yo no sé qué es porque nunca lo vi y hay quien cree que esa es la mejor vida jamás conocida, porque tras una etapa allí te llevan dentro de bolsas de todos los colores a un lugar donde descansas para siempre de esta fatigada vida. Un lugar que llaman “vertedero”.
    – Eso son mitos, amigo mío. Yo no creo nada que no vea con mis propios ojos. No creo
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    que haya un vertedero ni un depósito después de hacerte añicos. Pasaron mis días filosóficos y cambiamos de tema tratando de hablar más de la arrogante o viciosa espumadera de colores cuyo comportamiento era un auténtico escándalo para los vasos de nuestra categoría social, no digamos para las copas de vino o para las altivas copas de champán. No dudaban en tratar tal comportamiento de libertino y desahogado, sin embargo, sabíamos bien que entre las copas de champán había comportamientos similares que rayaban en lo peligroso; pues ellas – dada su altivez – se quebraban pronto en su carácter resultando del todo inútiles después; o quedando, las más de las veces, hechas añicos para siempre. Pero en fin, yo tenía mi opinión personal y es que allá cada cual que quiera vivir su vida en el vicio de la caída y la mullida alfombra. Nacimos libres, al fin y al cabo, a nosotros nos toca escoger nuestro modo de vida. Nunca tuve yo tal tentación pues, al final, soy un vaso burgués que gusta del paño matinal y el baño de limpiacristales neutro, soy más de relajarme en este magnífico “spa” a la espera de una vida algo mejor y más digna. La seguridad es más importante que la sensación del aire en la cara o el fragor de la libertad. Así que un buen día, una hermosa señora de ojos azules y labios carnosos perfilados en un color de rojo intenso me miró, me alzó, musitó unas palabras de aprobación, vio la etiqueta y me depositó de nuevo en la repisa de madera blanca de toda la vida como tantas otras veces; entonces se marchó dejándome sumido en la más profunda depresión tan cerca del borde que decidí probar fortuna con el libertinaje para sentir la mullida alfombra de la que tantos hablaban o quedar hecho añicos para siempre. Y justo cuando iba a dejarme caer, sucedió el milagro... Ella se giró hacia mi y extendió su mano angulosa y bella, con sus dedos infinitos de largas uñas pintadas en un burdeos elegante... y me recogió en el aire – mis labios temblaron, mis ojos se humedecieron con lágrimas de emoción –. Fue aquella la sensación más placentera de toda mi vida porque luego me acarició suavemente con su exclusiva mano y me recogió junto a cinco compañeros más – mi vidrio refulgía, mi corpachón se estremecía -, me condujo a la caja registradora – mi corazón ardía, mis labios se emocionaban – pagó por mí sin regatear un auténtico dineral –, ¡ah...!, mi pecho se henchía, mi piel de la emoción se quebraba – y me liberó de mis ataduras para siempre. Me condujo hasta su casa donde me situó en un hermoso mueble botellero de teca al lado de las copas más bellas y altaneras que jamás había visto. Ellas me recibieron mal, como corresponde a los novatos - y más si son tan caros como yo -, pero con el tiempo me fueron acogiendo cuando las fiestas se sucedieron y supe rebosar del agua más fresca o recoger el vino con
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    distinción y arte - según lo que la ocasión requería -, cumpliendo así mi cometido con elegancia y porte como corresponde a mi dignidad nobiliaria. Tras unos años allí, pude ver cómo llegaban los nuevos compañeros a los que desprecié como corresponde, y vi salir del mismo lugar a algunos que fueron enviados a la condena de la cocina cuando sus paredes estropeadas perdían el brillo de la alta cuna; o incluso, eran enviados en dirección a “cubodebasura” si el estropicio era de magna envergadura. La despedida, siempre triste, se torna en vergüenza por haber compartido espacio con aquel que era condenado a ir directamente a “cubodebasura”. Jamás, allí, se hablaría de él o ella como si un manto negro en la memoria colectiva ocultara su presencia en aquel lugar. Entonces me enseñaron las copas más antiguas del lugar lo que la tradición enseñaba. Algunos, en el comercio, pensaban que esas eran las más altivas del botellero de madera noble, sin embargo las que enseñan el valor de la tradición eran sencillas copas pero antiguas - altaneras pero no altivas - que sometían a la férrea disciplina de la verdad transmitida desde antiguo, estos decían que tras una breve estancia en “cubodebasura” puedes tener la mala fortuna de acabar en vertedero – depósito, decían, era algo parecido – o gozar de una nueva vida tras pasar por “plantadereciclaje”, todo dependía de si caías en el bidón amarillo o en el verde de orgánicos. Normalmente nuestra condición daba lugar a ser depositados en bidón amarillo y de ahí a una nueva vida reluciente ya como botella, ya como vaso con el sello de reciclado. Una distinción que todos deseábamos y por la que haríamos lo que estuviere a bien hacer. Así, cumplíamos a rajatabla todos los preceptos de la norma rigurosa, aquella que impedía caer - ni por voluntad propia, ni por ajena voluntad – a un suelo de madera, losa, piedra o alfombrado. Había en ello una excepción gravísima que impedía, salvo milagro, acabar en “plantadereciclaje”y era, caer de la mesa del señor.
    – Si caes de la mesa del señor, Dios no lo quiera, – decía la copa oronda de vino tinto y añejo – entonces es el llanto, el rechinar y el crujir de dientes; pues el amo se enfada tanto que te tira de forma despectiva en el cubo de residuos orgánicos junto a los alimentos putrefactos y de allí, en un paso dentro de una bolsa ignominiosa, a... “vertedero” - Todo dicho con engolamiento y voz tenebrosa que hacía estremecer y casi quebrar al más veterano de los vidrios y cristales
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    Pues aquí estoy yo cayendo de la mesa del señor por culpa del jovencito nieto del amo, que tras intentar coger un aperitivo – Dios lo mate con lentitud exasperante – , me golpeó con la
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    mano haciéndome caer al suelo de mármol entre vaivenes miserables – que aquí, en esta casa, el libertinaje del vicio de la caída junto a la alfombra mullida no está permitido, como ya he dicho –. Ya empezó mal la tarde cuando la cuidadora de los nenes decidió emplearme para el refrigerio naranja del niño. Y ya veo al resto de las copas sentir la indecorosa vergüenza de la que no soy culpable más que por la ignorancia de la joven cuidadora – Dios la destroce en los mil añicos que ella me ha reservado como destino por su desconocimiento de la ciencia del vidrio y el cristal - y el torpe comportamiento del menor. Y ya siento el suelo tan de cerca – qué lástima después de tantos años de buen servicio a los señores henchido de vinos añejos y aguas cristalinas – que me haré añicos de forma irremediable e irremisible; me recogerán doña escoba y don recogedor con sus sudores que no ofendo, pues su trabajo es necesario aunque yo esperase de unas manos limpias para darme cumplida cuenta en unos años –. Ya oigo los gritos de los amos, ya el “¡ay!” del que nadie me libra y que me conduce hecho pedacitos miserables directo a “vertedero” - ¿Pero qué es esto...?, algo extraño ha sucedido..., algo no previsto -.
    – ¿Pero qué hace aquí esta muñeca de trapo? - Protestó mi ama – Anita otra vez, esta niña... Pero mira ha sido gracias a ella que esta vez la copa no se ha hecho añicos. ¡Fíjate que curiosa forma de romperse!, ha quedado como una estrella en el fondo del vaso..., y se ve muy bonita y distinguida... Inservible, es verdad, pero extraordinaria. La lavaré y la pondré aquí arriba sobre el mueble de teca para que todo el mundo pueda verla, es casi una obra de arte. No os voy a describir lo bello que se ve el mundo desde aquí, todos los vasos y copas me rinden homenaje y me admiran; me lavan dos veces al día y me pasan el mejor paño. Todo el que me mira dice que es una obra de arte lo que ven y que es consecuencia de la calidad y pureza de mi cristal. Un noble cristal de bohemia nunca se rompe, dicen. Nunca acabaré en vertedero, ni siquiera alcanzaré la alta dignidad del reciclaje. Soy un elemento decorativo exclusivo y elegante, un objeto que pasará – como la tradición – de generación en generación contando a todos en qué consiste la norma rigurosa de esa tradición. Todos callarán cuando suene mi voz y todos acatarán mis normas... Realmente, no se puede pasar a mejor vida.
    – ¡Hasta que venga la revolución! – Protestó un vaso de plástico arrogante desde la mesa del señor. Un vaso de alguna de esas visitas del hijo del amo... Y miré al frente displicente.


    Pues nada, que ahí queda eso, no os olvidéis de pasar por Createspace o Amazon para comprar Dentro del Pozo o La Extraordinaria Historia del Reino Prohibido. En breve aparecerá publicadA la nueva novela: Diario de un Policía y la reedición de Cuentos para Teresa incialmente publicada en United PC y, ahora que todos los derechos han vuelto a mí, serán publicadas en Createspace de Amazon. Saludos virtuales y entusiasmo a raudales y no olvidéis eso de People Stay

viernes, 10 de febrero de 2017

Aquellos maravillosos Bad Boys

De los ochenta a los noventa

De Bird y Magic a Jordan: Isiah Thomas

Soy de aquellos que crecieron con un balón de baloncesto en las manos en busca de partidas de barrio en aquella ciudad donde residía. Mis amigos y yo nos colábamos entre los barrotes de los colegios para buscar una canasta donde lanzar unos tiros y jugar algunos partidos hasta que el cuidador o el conserje del mismo nos veía y, entonces, corríamos como alma que lleva al diablo escapando de su carrera cojitranca y de sus voces.



Mentras las tardes muertas de los fines de semana resultaban una búsqueda incesante fuimos conociendo a nuestros heroes que venían, a veces de las canchas españolas, a veces de más allá del charco como héroes de un Olimpo inalcanzable de privilegiados. Crecí viendo los duelos entre Bird y Magic, entre la última esperanza blanca del baloncesto de aquellos Celtics de Boston y la Magia que procedía del sol californiano de las manos angelicales de un tal Earvin Magic Johnson. Aquellos eran los dos reyes que se alternaban en el trono y se retaban con gesto arrogante como hacen los boxeadores. Entonces, era mas fan de los Lakers, aunque el rostro impenetrable de Parish, los brazos de McHale y los tiros del francotirador pájaro céltico me abrumaban, como a todos.



Sin embargo, hacia finales de los ochenta, un equipo de estibadores duros y acerados los iban a despojar del trono democratizando la NBA, eliminando la dualidad aristocrática del Mago y el pájaro, para devolverlo a los barrios. A las esquinas donde crecían las canastas y donde los chicos corrían con un balón en la mano buscando entre las mallas fronterizas un aro decente donde emular a los héroes del olimpo trasatlántico. Aquel equipo arrogante, corajudo y malhumorado recibiría el nombre de los Bad Boys y vinieron para romper el guión escrito de un cuento de hadas y devolver a las calles a un deporte aristocrático y elegante, pero también de puerto y arrabal como era el baloncesto.



Isiah Thomas, aquel jugador de rostro angelical que todas las madres quisieran como yerno, que todos las personas querrían como vecino, iba a capitanear la nave pirata de los Detroit Pistons para arrebatar el tesoro que Magic y Bird se arrogaban como derecho divino. Thomas, el niño bueno, iba a hacer de los Bad Boys un santo y seña para los yonkis de los aros decentes y las canastas - sí, esas que ahora están gratis en cada esquina -. Su barco, el de los Bad Boys, contaría con los chicos más malos del baloncesto mundial: Mahorn, Laimbeer, Dumas (otro yerno de ensueño, diría mi madre), Rodman - the worst boy -, Salley, Aguirre, Dantley... y Chuck Daily. ¡Que grande fue aquello!



No os engaño, yo era de los Lakers, pero viendo por el espejo retrovisor aquellos años no puedo más que sacarme "el cráneo" ante su gesta; con ellos se acabaron muchas cosas y empezaron otras, con ellos se transformó el baloncesto y ganaron sus títulos - como dicen los cursis que se toma el cielo - al asalto, sabiendo que no había derecho alguno para ellos, sabiendo que eran los chicos de los barrios humildes de las ciudades plagadas de fábricas, despidos y desempleo, sabiendo que su valor era el de ser de acero para dar lo que fuera necesario y para no moverse cuando fuera preciso tras el golpe recibido.

La famosa Regla de Jordan

Como chicos malos decidieron romper el guión en la cara de quién fuera y robaron de la historía dos títulos a los mejores de siempre y que nunca se repetirían, a aquellos cuyo don era divino y eran respetados hasta por el viento como duelistas a siete balas entre el Este y el Oeste. Daban mucha leña, es verdad, pero tambien jugaban a baloncesto como pocos; y resistían como nadie. Gloriosos veintitantos puntos de Thomas en un cuarto a los Lakers con una pelota en el tobillo (vamos, lesionado lo hizo) y que solo el ábritro hizo ganar a los Lakers - su último título, porque en el séptimo no pudo jugar Thomas -.

Como chicos malos ganaron dos títulos del mundo (así se llamaba entonces la NBA) y fue tal la sorpresa que creo que su nombre no estaba escrito en ningún sitio, ni en el trofeo ni en las estrellas. Pusieron fin a la hegemonía y al mandato de Bird y Magic retirándoles prácticamente del baloncesto como posibles ganadores y consiguieron la épica, entonces solo repetida por los Lakers, de ganar dos títulos consecutivos.


Y, al final, ¿qué fue de ellos? Pues fue que se enfrentaron a los Chicago Bulls de un Jordan que, por entonces, era el mejor sin equipo, el jugador franquicia que a todos deslumbraba pero que jamás lograría un titulo (así se escribía entonces su historia). Otro gran jugador para vender camisetas. Hasta que se enfrentó a los Bad Boys y perdió con ellos de forma tan humillante y besando tantas veces el suelo, que ese año se dedicó a hacer pesas hasta los días de fiestas de guardar, reapareciendo para enfrentarse a los Pistons y borrar de un plumazo el sueño de que la NBA fuera gobernada por los piratas, por los estibadores de los puertos, por los chicos de barrio que -siendo siempre malos chicos . corrían con una pelota bajo las manos para buscar un aro decente donde tirar unos tiros y jugar un tres para tres en aquellos colegios cerrados y devotos de Frascuelo y de María, de cerrado y sacristía que veían cómo los chicos malos de entonces jugábamos sin permiso al baloncesto en sus pistas vacías. Como esas que hay hoy en cada esquina, pero sin vallas ni chicos malos que tiren unos tiros en ellos -.



Se fueron como llegaron, antes de terminar el partido contra los Bulls de Chicago que empezarían su leyenda, una derrota que les dejaba fuera de las finales; y se fueron como eran, sin saludar a un contricante que jamás les respetó porque entraron de hurtadillas en una pista que no era suya para democratizar este deporte y devolvérselo a la gente de los barrios. Los Bad Boys se fueron arrogantes cual piratas de pata de palo y parche en el ojo, con la mirada baja, displicentes,  y sin saludar al nuevo líder que marcaría una era dorada, una leyenda del más puro y aristocrático baloncesto. Tras la aristocracia de Bird y Magic, la aristocracia de Jordan, porque esa mirada era la de Michael Jordan, que contaría seis anillos desde entonces porque él sí era parte del guión. Lo de Thomas y su banda fue un paréntesis en que los hombres se hacen hombres y dueños del cielo que no les corresponde.

Digan lo que digan, Thomas y los suyos forjaron a Jordan

Lo que nadie sabrá y todos murmuran en las esquinas de este deporte es que si Michael Jordan fue mas grande que Magic o Bird, más grande que Isiah Thomas, fue porque se curtió en el infierno de la Regla de Jordan, esa maraña de Chuck e Isiah que le tejieron para que besara más veces el suelo de lo que él jamás habia besado. Allí es donde ese don que él tenía maduró y se hizo eterno, allí entre palos, estopa y arrabal fue donde aprendió a ser duro de más, duro más que los demás para ser el mejor en el Olimpo de las leyendas que nunca mueren.

Los Bad Boys dieron fin a la leyenda para transformala en otra leyenda. Sin Thomas y los suyos, Jordan jamás hubiera sido lo que luego llegó a ser.



Hoy, es raro ver a ningún grupo de niños saltando las alambradas de los colegios en busca de una canasta porque hoy los niños juegan en pabellones con luces encendidas y ducha al final, tiene sus zapatillas impecables y escuchan el bote del balón sobre un parqué de madera de roble mientras las zapatillas chillan. Entonces, la goma del balón botaba en los charcos y las zapatillas de lona tenian agujeros que se encharcaban cuando el guardador del colegio te hacía correr tras su carrera cojitranca. Me da en la nariz que nuestros hijos se han perdido algo de lo bueno que tenía aquel baloncesto, algo que siempre que los veo en la televisión, lo recuerdo: hubo un tiempo en que el baloncesto era el rey de los barrios, aquel tiempo en que unos piratas de Detroit, unos Chicos Malos de la calle nos entregaron la corona del mundo a los chicos de los barrios que buscábamos canastas en colegios vacíos.


 Ah, y mira que daban estopa... Y qué bien bailaban cuando les tocaba bailar con la más fea.

Saludos a los visitantes de la bitácora, no olvidéis pasar por Amazon y Createspace en busca de mis novelas, la tercera se acerca.

lunes, 23 de enero de 2017

Justo y bueno

Rubén Darío y Unamuno

Rivalidad poética

Conocida es la rivalidad mantenida entre Miguel de Unamuno y Rubén Darío, conocida es también la ordenada vida del autor de San Manuel Bueno Mártir y la desordenada vida de Rubén, hombre dado a los excesos. Es conocida la visión que atribuyen a Valle Inclán sobre las perspectiva de que Unamuno no tenía los pecados veniales de la carne sino los mortales del alma, mientras que Rubén caía en los pecados de la carne mas carecía de las maldades que se atribuyen a las almas pequeñas.



Dos personajes tan dispares solo pueden dar fruto dispar, sin embargo existe en su rivalidad destellos de una piscología extraordinaria, el conocimiento profundo de sus repectivas psiques, de sus recíprocas almas. Así, cuando Unamuno hizo público en el ambiente más elevado de las letras castellanas la visión que de Rubén tenía, con la expresión de que "se le veian todavía las plumas de indio bajo el sombrero", sumió en el desconsuelo al bueno de Rubén pues pocas cosas se me ocurren más desdeñosas que mencionar "el pelo de la dehesa que nunca se despega" a quien aspiraba a ser un Verlaine de las letras españolas.

A ese afeamiento de la práctica poética (y no poética) de Darío, donde señalaba simultáneamente lo pretencioso de su afán a la vez que le recordaba gravemente lo bárbaro de su origen, respondió con la solvencia que le caracterizaba al bueno de Don Rubén haciéndole ver al bueno de Don Miguel que "era con una pluma que se sacaba debajo de su sombrero con la que escribía sus versos" y continuaba recordándole a quien respetaba como poeta que "había que ser justos y buenos".



Obviamente, Darío al recordarle esa obligación cristiana calaba en la hondura espiritual de Unamuno, el cual sabía que de nada sirve escribir como los ángeles si no se aspiraba a hacer de la justicia y la bondad una premisa mayor para cualquier humanista que se precie de serlo. Reclamaba así que le tuviera por lo que quisiera, pero que no hiciera de menos a sus versos pues era conocido de todos la belleza que se desparramaba de esa pluma de indio que anidaba todavía bajo su sombrero.

Quizás Unamuno despreciase el mundano modo de comportarse o reclamaba una poética desnuda de artificios y con profundidad espiritual como la propia, o quizá había en sus palabras una callada envidia por el modo en que las letras de Darío dibujaban formas y revoloteaban alegres y divertidas, tan alejadas de ese modo adusto en las formas con que escribía Don Miguel de Unamuno.

Sea como fuere, escribió Unamuno una carta postrera ante el fallecimiento de Rubén Dario donde reconocía no haber sido ni justo ni bueno con él en vida, y prometía enmendarse en tal afán tras su fallecimiento, cosa que hizo. Lo cierto es que siendo dos grandes exponentes de la literatura castellana, Rubén había visto en la poesía de Unamuno mejores cualidades de las que Unamuno había percibido en Darío.

Unamuno puso en su poemario "Teresa, rimas de un poeta desconocido" como prólogo, la extraordinaria valoración que había hecho de su poesía Rubén Dario, dentro de ese poemarío podemos hacer mención del poema Teresa con el juego de paradojas con la que hace mención a la santa de Ávila:


Si tú y yo, Teresa mía, nunca
nos hubiéramos visto,
nos hubiéramos muerto sin saberlo:
no habríamos vivido.

Tu sabes que morirse, vida mía,
pero tienes sentido
de que vives en mí, y viva aguardas
que a ti torne yo vivo.

Por el amor supimos de la muerte;
por el amor supimos
que se muere; sabemos que se vive
cuando llega el morirnos.

Vivir es solamente, vida mía,
saber que se ha vivido,
es morirse a sabiendas dando gracias
a Dios de haber nacido.

Poemas espirituales y profundos que riñen con la exhuberancia y hermosura de los versos de Darío como riñe la espiritualidad castellana, abigarrada y seca, con un vergel nicaragüense; la gravedad profunda del alma con la estética sensual del final de siglo XIX parisino. Pongamos como ejemplo su Sonatina:



La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte,
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste. La princesa está pálida.)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,
(La princesa está pálida. La princesa está triste.)
más brillante que el alba, más hermoso que abril!

-«Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-;
en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor».

Muchas rivalidades se han escrito en español, esta es una bella forma de expresar en verso la gravedad con que este idioma puede expresarse y lo díscolo que se vuelve el mismo idioma en otras manos porque - sean las musas o un Creador - a uno le dieron (le dió) el Don del cincel que esculpe la piedra de granito y a otro el arte de dibujar música con las palabras.

La estética les divide y el reconocimeinto mutuo, al final, les hace iguales. Dos grandes de nuestras letras que, a fuerza de hacerse pequeños como todos nos haremos, fueron justos y buenos entre ellos y con nosotros al dejarnos estos versos.



jueves, 5 de enero de 2017

Sereno

Segundo Premio Relato Breve

 Fundación Somos de Miami

El año pasado, la Fundación Somos tuvo a bien otorgar a uno de mis relatos el segundo premio en Cuento o Relato Breve con la temática de Los Abuelos. Este relato, un poco hecho por encargo, pero con gran cariño hacia las entrañables figuras de los abuelos trata de ese momento en que los nietos simplemente pueden acompañar el silencio de unas personas que vivieron, quizás intensamente, y queda en el fondo de su mirada el fulgor de un tiempo ya pasado.

Sin más dilación, ahí queda el relato.

AL FONDO DE LA SALA
Atardecer del blog "A flor de piel" de José García - foto inmejorable para servir de pie a esta breve historia - Ruta: link
El abuelo estaba - como cada mañana - al fondo de la sala, al lado de la chimenea donde el ventanal daba más luz, cubierto por una manta de cuadros, encorvado y con una boina calada. A su lado, un bastón de madera noble y con la cara de un león de marfil en la parte más alta, descansaba. Un león que acariciba con fuerza, él, toda la mañana.
El crepitar triste de la chimenea iluminaba su cara de hielo que se volvía azulada en invierno; poco a poco - según entraba la mañana - nos íbamos acercando sus nietos para hacerle compañía por turnos y en silencio.
Primero era yo quien me sentaba a su lado mientras le frotaba las piernas con esa manta de cuadros para que no sintiera ese helador frío de la mañana. Entonces su cabeza se alzaba mostrando sus ojos, tan claros eran como el día que en el ventanal se reflejaba; sin embargo su mirada era triste y soñolienta. Una mirada clara, pero una mirada apagada que sólo mostraba el brillo de los años olvidados.
En ocasiones - en muy pocas ocasiones - esa mirada se encendía con mi sonrisa y entonces hablaba. Me contaba la historia de cuando surcó los mares en un barco velero que se llamaba Sereno; un barco ligero con velas blancas y claras que flotaban al viento y empujaban los mares, un barco que se deslizaba de oriente a occidente dejándose arrullar por los rayos, las tormentas, loa ciclones y los truenos.
Tras diez minutos felices en que sus brazos volaban mientras su boca entonaba canciones y poemas de barcos, de libertad, de vientos y de juventud; su voz se callaba; sus brazos caían vencidos por un peso invisible que los inmovilizaba, su mirada incendiada se apagaba como si una tonelada de agua sobre la mirada ardiente de mi abuelo cayera mojando las interiores llamas.
Entonces llegaban las horas de plomo, las horas oscuras del alma; esas horas en que recordabas su locuacidad cantora, su espíritu indomable y feliz que le condujo a surcar todos los vientos y a beber todos los mares. Horas calladas que se cortaban como un filo de navaja que segaba el alma.
Los nietos nos íbamos turnando para no dejarle solo por la mañana; pero esas mañanas, yo me quedaba a solas con él todas las horas para esperar un nuevo momento de luz, un nuevo recuerdo de su juventud de oro, o de su madurez de plata... Y las horas pasaban y no sucedía nada, entonces me marchaba no sin antes cerrar sus pestañas, pues parecía que estaba dormido a pesar de que sus ojos miraban a la luz de la mañana.
Un día muy de mañana, me acerqué a la casa de la Tía Lalita, allí donde mi abuelo vivía sus últimos días. Me acerqué a la sala para ver si estaba el abuelo como cada mañana. Miré al rincón, sin decir a nadie nada; allí, al lado de la chimenea que crepitaba con lástima; allí, donde la luz entraba furtiva e inquieta; allí, donde un bastón de madera noble y cabeza de león descansaba sobre el suelo; allí, en aquel rincón ya no había nadie. No estaba la silla de ruedas, ni la manta de cuadros, no estaba calada la boina sobre el abuelo como cada mañana... Allí quedaba tan solo un hueco, un agujero que horadaba el alma.
Giré la cabeza y vi a mi Tía Lala, la mujer de eterna sonrisa que siempre vivía en la cocina entre fogones que cocinaban muy de mañana la comida de una tropa de hambrientos.Me miró con los ojos tristes y la mirada callada. Así, a lo lejos, me dijo una sola y breve frase: “ha terminado el viaje”.
Supe entonces que aquel barco que fue de mi abuelo, aquel barco que olía a libertad y a vida, aquel barco cuyas velas rasgaron todos los cielos y abrieron estelas en la mar imborrables - a pesar de que en el mar todo se borra -, había llegado al destino de todos los barcos que quieran llamarse Sereno; un destino de paz y horizontes, un lugar de estrellas reverberantes en lo alto guiando el camino, una estancia donde los marineros se cuentan historias de mares remotos, de tierras extrañas, de guapas mujeres esperando en puertos misteriosos.
Allí estará mi abuelo contando sus historias al lado de una chimenea de radiantes llamas donde el crepitar feliz del fuego se funda con la luz de la mañana, donde la cabeza mira al frente siempre y la mirada sea clara y diáfana, donde los leones que son cabeza de bastones de noble madera rujan siempre con la boina calada y en sillas de madera. Allí estará mi abuelo contando historias de barcos cuyo nombre siempre será el mismo y se llamará, también allí como aquí,... Sereno. Porque hay cosas que no cambia la muerte ni la nada, hay cosas que permanecen igual siempre: el carácter de un hombre cincelado por los vientos de la mar.
Queda al fondo de la sala, una silla de ruedas vacías... Allí ya no está mi abuelo, pues surca los ignotos e infinitos mares de una travesía eterna a bordo de un barco de nombre eterno, de nombre... Sereno.

FIN

Aunque soy más de relatos negros, policiales y algo de terror; de vez en cuando no viene mal pararse a recordar las viejas glorias que llegremos a ser, los antiguos momentos que olvidaremos... porque al final ¿qué seremos al final sino un puñado de recuerdos llamados a desaparecer?

jueves, 24 de noviembre de 2016

Innuendo

En el 25 aniversario de Freddie Mercury

Perdonen esta insinuación

Uno de los últimos trabajos de Fredie Mercury y, para mí el mejor de ellos; aunque resulte difícil elegir alguna de sus canciones en la extraordinaria carrera del atormentado Freddie Mercury, al menos en cuanto a sus contradicciones de autor vitalista y vida siempre conducida más allá del límite.

No me interesa hablar de esa vida sino de sus cualidades como compositor que fue capaz de escribir esta extraordinaria canción que resulta una mezcla muy medida de estilos de guitarra española y eléctrica que tras variaciones de composiciones clásicas enfocan hacia el final en un Crescendo de extraordinario vigor.

Resultado de imagen de Queen

Pero no es solo una excelente composición musical, tiene una letra que no puede dejar indiferente a nadie, una narración de sus profundas inquietudes y las preguntas que, al final, todos nos hacemos con una conclusión que nace de la pura necesidad..."seguiremos hasta el final de los tiempos".

¿Y qué seguiremos?, pues seguiremos formulando esas preguntas que no tienen respuesta, ¿por qué a pesar de que sabemos que nuestros dáis están contados seguimos aspirando a más, a vivir en plena libertad? ¿Por qué si hay un Creador que explica toda esto, nunca se habrá de quitar esa máscara que lo oculta a nuestro total conocimiento? ¿No respondería eso a todas nuestras inquietudes?

Bueno esa es la conclusión de uno de los mejores intérpretes, de uno de los mejores compositores de Rock de nuestros tiempos, Su banda, Queen, permanece en la retina y en nuestro oído con las dotes vocales y extravagantes vestimentas de su líder; con su espectáculo intenso vivido sobre el escenario. Y, aunque nos quejemos muchas veces de la vaciedad de algunas letras; otras impactan de forma evidente, como esta.

No cabe duda de que seguiremos intentando obtener respuestas hasta el final de los tiempos, yendo cada vez más lejos hasta saber la verdad..., toda la verdad.

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INNUENDO

One two three four)
(Ooh ooh)
While the sun hangs in the sky and the desert has sand
While the waves crash in the sea and meet the land
While there’s a wind and the stars and the rainbow
Till the mountains crumble into the plain
Oh yes we’ll keep on tryin’
Tread that fine line
Oh we’ll keep on tryin’, yeah
Just passing our time

(Ooh ooh)
While we live according to race, colour or creed
While we rule by blind madness and pure greed
Our lives dictated by tradition, superstition, false religion
Through the eons, and on and on
Oh yes we’ll keep on tryin’
We’ll tread that fine line
Oh we’ll keep on tryin’
Till the end of time
Till the end of time

Through the sorrow all through our splendour
Don’t take offence at my innuendo

You can be anything you want to be
Just turn yourself into anything you think that you could ever be
Be free with your tempo, be free, be free
Surrender your ego, be free, be free to yourself

(Ooh ooh yeah)
If there’s a God or any kind of justice under the sky
If there’s a point, if there’s a reason to live or die
If there’s an answer to the questions we feel bound to ask
Show yourself, destroy our fears, release your mask
Oh yes we’ll keep on trying
Hey tread that fine line
Yeah we’ll keep on smiling, yeah
And whatever will be will be
We’ll just keep on trying
We’ll just keep on trying
Till the end of time
Till the end of time
Till the end of time


Quedará esa invitación a ser libre sin más razón de que porque no hay respuestas como una propuesta sin duda vitalista pero vacía del sentido que todos queremos dar a nuestra libertad. Su contradicción choca con la realidad de que el espectáculo sigue sin él, a pesar de que ese espectáculo era más brillante con él.

A mí su enorme canción, me recuerda a la expresión de Antonio Machado que dice: "¿qué hace esta gota en el mar, gritando al mar, soy el mar?". No lo sé, pero lo cierto es que vale la pena de vez en cuando decir "sé libre, ¿qué nos ata?... Seguiremos intentándolo hasta el final de los tiempos"

Saludos cordiales, amigos... Vuelve la Bitácora de la imaginación. no olvidéis pasar por Amazon y echar un vistazo a Dentro del Pozo y La Extraordinaria Historia del Reino Prohibido.