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martes, 29 de septiembre de 2015

Lo que sucede entre versos no se cuenta

 Dando forma a un poema

Escribir un Soneto

Decimos que alguien es un verso suelto cuando no sigue un patrón definido, cuando va por libre sin hacer caso a norma escrita o tácita que alguien impone. En los días que corren, resulta admirable ser un verso suelto. Y, sin embargo, formalmente la poesía actualmente avanza sin seguir eso que llamamos un patrón fijo.

De este modo resulta muy difícil dar una definición de lo que es un poema. Quizás la definición más certera de lo que es hoy poesía la haya dado Luís Alberto de Cuenca (desconozco si empleando palabras de otro) al decir que "poesía es la quintaesencia del lenguaje" O sea, la más bella aspiración de la literatura: decir lo que se quiera pero de la forma estéticamente más celebrada.

Félix Lope de Vega y Carpio
Félix Lope de Vega y Carpio

La poesía, al perder el rigor formal de otros tiempos, queda sin más ataduras que su propia aspiración y, no hay duda, que es una idea bien bonita. Una libertad formal en aras de una gran y bella aspiración, resulta como quitar las ataduras a la literatura para ver hasta dónde alcanza, a qué altura llega.

Pues eso del verso libre de ataduras es menos exigente formalmente, pero mucho más difícil de lo que parece. Resulta una trampa, al final, pues en apariencia es más fácil escribir sin exigencia formal pero luego quedan las papeleras llenas de intentos baldíos, de ufanos intentos de mejorar algo en el papel con respecto a nuestro cotidiano existir. La falta de rigor formal, hace a la poesía aún más exigente.

Francisco de Quevedo y Villegas
Francisco Gómez de Quevedo y Villegas

Es como dedicarnos a escribir música sin partitura, sin exigencia rítmica previa, sin cómputo temporal de las notas. Como componer de oído... hay quien puede y - el que lo logra- lo suele hacer de forma magistral. El resto hacemos no más que un bello intento y, quizás, un vano ridículo.

Por eso, dentro de la poesía me encaramo en el rigor formal del Soneto. Porque si tan difícil como caminar por el alambre es escribir poesía que valga la pena, más difícil es volar sin ese alambre. Y el rigor formal del soneto no deja de ser un alambre por el que caminar. Si logro que guste, si camino sin tambalearme en el alambre, es cosa del público que lo lea pues, al final, es el público quién dice si un poema vale la pena o no.


Luís de Góngora y Argote
Luís de Góngora y Argote

Autores que han escrito Sonetos buenos hay muchísimos y poner ejemplos sería un trabajo arduo. Pues desde el siglo XVI - en que se importa esta forma italiana a nuestra literatura - hasta nuestros días, ha habido cientos de poetas que lo han empleado. Desde Lope, Quevedo o Cervantes hasta Joaquín Sabina lo han empleado como estructura formal de sus pensamientos, sentimientos o afirmaciones.

Así aquel poema típico de Lope en que nos mostraba la enorme dificultad del soneto dice así:

Un soneto me manda hacer Violante
que en mi vida me he visto en tanto aprieto; 
catorce versos dicen que es soneto; 
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante, 
y estoy a la mitad de otro cuarteto; 
mas si me veo en el primer terceto, 
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando, 
y parece que entré con pie derecho, 
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho 
que voy los trece versos acabando; 
contad si son catorce, y está hecho.

Pues mejor no se puede explicar lo que es un Soneto, solo que el cómputo silábico puede ser endecasíalbo, alejandrino o cualquier otro pero siempre igual y de Arte Mayor. Que las rimas de los cuartetos suelen ser ABBA ABBA y de los tercetos CDC DCD. Si bien, la rima de los tercetos varía mucho más y se puede jugar con esas rimas sin que deje de ser Soneto.

Ese es el mérito del Soneto, y es que el juego de cuartetos con tercetos y las distintas rimas hacen una composición ágil y flexible aún a pesar de su rigor formal. El Soneto es, desde luego, el Rey del poema formal, pues su composición breve da mucho juego.

Otro fenómeno de esta forma poética es Quevedo, merece poner un ejemplo suyo pues el juego del cómputo, la rima y el ritmo, adquiere con sus magistrales "hiperbaton" un nivel inalcanzable durante siglos. Aún dudo de que hoy haya quién pueda componer un Soneto de esta categoría.

SONETO A LUIS DE GÓNGORA

Yo te untaré mis obras con tocino
porque no me las muerdas, Gongorilla,
perro de los ingenios de Castilla,
docto en pullas, cual mozo de camino;

apenas hombre, sacerdote indigno,
que aprendiste sin "cristus" la cartilla;
chocarrero de Córdoba y Sevilla,
y en la Corte bufón a lo divino.

¿Por qué censuras tú la lengua griega
siendo sólo rabí de la judía,
cosa que tu nariz aun no lo niega?

No escribas versos más, por vida mía;
aunque aquesto de escribas se te pega,
por tener de sayón la rebeldía.

A lo que este contestará con refinamiento (aún desconozco quien empezó la pelea) pero vemos que el Soneto sirve bien al mensaje sin necesidad de traducción alguna.


SONETO DE LUIS DE GONGORA A DON FRANCISCO DE QUEVEDO

    Anacreonte español, no hay quien os tope,
    que no diga con mucha cortesía,
    que ya que vuestros pies son de elegía,
    que vuestras suavidades son de arrope.
     
    ¿No imitaréis al terenciano Lope,
    que al de Belerofonte cada día
    sobre zuecos de cómica poesía
    se calza espuelas y le da un galope?
     
    Con cuidado especial vuestros anteojos
    dicen que quieren traducir al griego,
    no habiéndolos mirado vuestros ojo
     
    Prestádselos un rato a mi ojo ciego,
    porque a luz saque ciertos versos flojos,
    y entenderéis cualquier gregüesco luego.

Y tiene respuesta más grotesca y "elegante"el soneto de Gongora en Quevedo, tal que así...

CONTRA DON LUIS DE GONGORA Y SU POESIA

Este cíclope, no siciliano,  
del microcosmo sí, orbe postrero;   
esta antípoda faz, cuyo hemisferio  
zona divide en término italiano;

este círculo vivo en todo plano;  
este que, siendo solamente cero, 
le multiplica y parte por entero  
todo buen abaquista veneciano;

el minoculo sí, mas ciego vulto; 
el resquicio barbado de melenas; 
esta cima del vicio y del insulto; 

éste, en quien hoy los pedos son sirenas,  
éste es el culo, en Góngora y en culto, 
que un bujarrón le conociera apenas. 



Pues ya vemos que un Soneto es una buena estructura para pelearse a gusto y permite bajar con estilo al lodo y tocarlo y embarrarse sin llegar a mancharse del todo,

Otros duelos memorables tienen Góngora y Lope, ¿qué tendría el culterano Góngora que a todos ofendía y con todos peleaba? Pero, bueno, este blog lo abri con la intención de escribir sobre lo que otros hicieron mi propuesta. Y esta es la propuesta que propongo:

Alegoría de la poesía y de la música
Alegoría de la poesía y de la música


LO QUE SUCEDE ENTRE VERSOS NO SE CUENTA

Acaso su mirada perdida ande buscando la mía,
acaso su boca de fresa sedienta del néctar se halle,
acaso su corazón lata al ritmo intenso de mi calle,
acaso su alma de noche se alce en busca del sol del día.

Acaso mis ojos se cierran callando que soñaría
con tener sus labios en los míos pintados con detalle;
acaso mi corazón palpitante se explique y no falle
elevando su alma nocturna en busca del sol que quería.

Acaso pensé que sus ojos encendían mi mirada
y perdí de vista que se cerraban a una promesa,
a contemplar en su alma viva el vivo espejo de mi vida.

Acaso no sepa que nunca entre versos sucede nada
cuando, tras un verso, otro verso liga la rima y le besa;
pues tras los versos ligados, otra rima llega y se olvida.


Quizás a estos poemas les falten enemigo a quien batir - o quizás no valgan para eso - (en cualquier caso juzga quien lee), así es la poesía; versos vs versos; rima contra rima; verso libre vs verso formal; Góngora contra Quevedo o quizás Lope contra Góngora. Me quedo con la poesía, un rato... ya habrá tiempo para regresar al suspense, al terror o al romanticismo.







sábado, 26 de septiembre de 2015

Un cuento inspirado en una leyenda. Parte III

El influjo de la luna

Hoy es noche de luna llena

Hoy la luna quedará tendida sobre el negro manto de la noche en su total plenitud, quizás algunas nubes pasen por delante de su enigmática presencia para dibujar un cuadro incomparable. Quizás hoy esa luna se aproxime a la tierra lo suficiente como para que su rostro quede impreso en nuestra iris para siempre como un recuerdo indeleble, como la marca de una noche imborrable...

luna llena
La luna llena despierta a las más ancestrales fieras que se inquietan en El Bosque


Pero además, esa luna que veremos esta noche será una luna extrañamente colorada, una luna pintada de un rojo carmín que señalará el destino de muchos tal y como han creído las civilizaciones más antiguas. Una noche donde las fieras se inquietan en el bosque y, sin saber la razón, responderán a sus más precarios y antiguos instintos.

luna de sangre
Amanecer de una luna de sangre
La ciencia dirá lo que quiera, pero en noches como estas yo he visto a los hombres comportarse violentamente como nunca antes había visto, a los perros aullar despavoridos como acosados por espíritus oscuros, a los gatos bufar, maullar y ronronear como si estuvieran con un permanente celo huyendo a los oscuros rincones del ladrido de los perros.

lobo y luna de sangre
Lobo que aúlla bajo el influjo de la luna de sangre
Los lobos en los bosques y en las montañas se inquietan y aúllan desaforados como si algo en sus entrañas les impulsara sin sentido ni necesidad alguna. La locura agresiva les hace ir en busca de insospechadas piezas allí donde nunca antes se habían atrevido. Alcanzan incluso a los ganados y, en ocasiones, se atreven a acosar al hombre mismo en sus propias casas.

Hoy hay luna llena, luna de sangre...lo que sucederá mañana, nadie lo sabe. Sólo sabemos que los impulsos ancestrales de hombres y animales se dejarán sentir y veremos quién puede más en esta noche de lobos y hombres.

TROTACONVENTOS DEL CAUREL – PARTE III
Poco a poco, recuperó el resuello y tras enjugarse las lágrimas y el sudor y con un poche caliente entre las manos comenzó a contar lo que había sucedido desde hacía tantos años.

  • No sé qué ha ocurrido, me encontraba rodeado de lobos cuando me desmayé casi desnudo y, al despertar, no había nadie a mi alrededor y decidí correr hasta casa. Pero, ¿eres tú, hermana...?, ¿qué te ha sucedido?
  • A mí, nada, los años han pasado y te dimos ya por muerto hace tanto tiempo.

Nos juntamos alrededor del fuego intentando comprender lo sucedido, el hermano de la Trotaconventos recomenzó su relato haciéndose una cruz de forma parsimoniosa tras contarle su hermana la situación, el año y el momento en que vivíamos. Su rostro pálido como la nieve, sus ojos oscuros como la noche, su cuerpo agitado y, en ocasiones, convulsos avisaban de un relato extraordinario.

Todo empezó cuando la nieve comenzó a caer, sentí a mis espaldas dos golpes secos y una serie sucesiva de aullidos, rugidos y ladridos. Apuré el paso para intentar alejarme del lugar, pues sabía que las noches de las primeras nieves del invierno cuando la luna llena está prendida pero se oculta tras las oscuras nubes, los lobos se intranquilizan y acaban con cualquier ser vivo que se encuentren.

De repente sopló un viento gélido y extraño y la nieve arreció con violencia. Intenté caminar contra el viento para recuperar la senda que conduce a casa, pero era incapaz de ver el camino que me llevaba hacia ella; apenas sentí mis pies más que como la nieve, helados, y notaba cómo se hundían cada vez más profundamente fundiéndose el hielo de mi carne con la nieve.

Los aullidos eran cada vez más fuertes y nerviosos. Al intentar acelerar el paso sentí que mi pie tropezaba en el interior de la nieve con una raíz de esas que salen de la tierra cuando las capas de nieve no la cubren y me caí al suelo golpeándome contra un tronco. Quedé atontado un largo rato, no sé si fueron cinco minutos o una hora.

Al levantar la mirada percibí el aliento de un lobo que me miraba apaciblemente sin amenazarme con azules ojos y pelo blanco, gris y negro, me olfateaba desde los pies y la cabeza como si me reconociera. Parecía esperar alguien más. Ese alguien era un pequeño grupo de lobos que me rodearon con cierta tranquilidad y sin violencia alguna contra mí. Me resultaba extraño pues su fiereza y mi temor eran la mezcla explosiva que señalaban la sentencia final, mis últimos latidos.

wolf
El lobo está al acecho

Pero se comportaban mansos como la corte de una especie de rey de los lobos al que esperaban y, entonces, apareció con un caminar lento y tranquilo como si fuera, efectivamente un rey, un lobo fuerte, con la grupa elevada y la mirada distinguida, con un pelo largo y oscuro. Un lobo negro con una sola línea blanca que separaba el pecho en dos y se prolongaba, por el hocico, hasta la cabeza. Nunca había visto en los días de mi vida un lobo tan bello.

Todo parecía formar parte de un sueño extraño pues nunca había sucedido que los lobos de por aquí fueran en grupo, pero así - tal como lo cuento - sucedió. Al llegar hasta mi cara el jefe de los lobos, enfrentó mi rostro con su nariz, rugió con fuerza ante mi asustado rostro y entonces,.... me desmayé. El resto de la historia, ya la sabéis pues al despertar no había nadie, salí corriendo y alcancé la casa.”

black wolf

Nos miramos con gesto aturdido preguntándonos mutuamente por lo que estaba sucediendo cuando el aullido de una jauría de lobos nos despertó de golpe. Los lobos rodeaban la palloza aullando con ansiedad con el ánimo de provocar nuestro nerviosismo y, a fe, que lo consiguieron. Entre las nubes, una luna roja y grande parecía amenazar con secar la nieve de la noche saliendo tímidamente y ocultándose de nuevo.

Instintivamente tomamos en nuestra mano algún objeto que sirviera de defensa personal ante unos lobos que parecían querer entrar a dar cumplida cuenta de los que allí nos encontrábamos. Por la intensidad y el número de aullidos cualquiera diría que se trataba de una jauría abundante y esto nos inquietaba enormemente.

El aire se volvía irrespirable como consecuencia de los nervios, el pulso que se aceleraba y el vaho que salía inquieto de nuestras gargantas. Vaho que humedecía el interior y casi llegaba a apagar el dulce calor del fuego que todavía crepitaba a nuestros pies. La vieja Trotaconventos se acercó a la puerta para intentar valorar el riesgo y Jimi y yo la secundamos siguiéndole sus pasos hacia ella.

Un inexplicable rugido a nuestras espaldas nos hizo girar en redondo a tiempo de evitar las garras y la mandíbula de quien se encontraba a nuestras espaldas. La luna de sangre lucía en lo alto con todo su esplendor. El joven hermano de la Trotaconventos del Caurel se había transformado casi a nuestra vista en un lobo gris y poderoso que se abalanzaba sobre Jimi y sobre mí. Yo logré evitarlo por centímetros mientras Jimi y la vieja Trotaconventos caían descuartizados por sus fauces.

Logré salir de allí, aún no sé cómo, y escapé entre la nieve y el frío rodeado por lobos que me persiguieron hasta que alcancé la carretera donde dejé de escuchar los aullidos y el aliento de los lobos, oficial. Justo en el momento en que amaneció y el sol lució con todo su esplendor, dejó de nevar y la luna roja se ocultó.

  • Bien, el relato sería muy interesante si respondiera a lo que hemos visto en la palloza, pero, ¿me podría explicar cuál es la razón de que esa anciana y su amigo Jimi aparecieran apuñalados en el pecho con este cuchillo hundido todavía en el pecho caliente de su amigo?
  • No lo sé oficial, pero le aseguro que allí había un lobo acabando con la vida de la anciana y de mi amigo, ¡se lo juro por lo más sagrado!, ¡por el Santo Apostol Santiago que así fue!
  • Vale, vale... Sargento llévese a este individuo, haga el favor. Enseguida vendrá el juez a tomarle declaración. Le ruego que se serene y matice lo que me ha contado. Su relato apenas tiene ni pies ni cabeza.

Sentí unos brazos sujetar los míos fuertemente y llevarlos a mi espalda. El frío acero en mis muñecas y el definitivo click de las esposas al cerrarse, un destello me cegó los ojos. Una sensación de angustia recorrió mi cuerpo cuando el sargento tiró de mí hacia la furgoneta verde y blanca de la Benemérita. Ellos creían que había sido yo el asesino de Jimi y la vieja Trotaconventos del Caurel.

  • ¡Oficial, se equivoca usted!, ¡hay un lobo asesino en el bosque...!, ¡oficial!, ¡oficial...!

Al pasar al lado del furgón, la nieve comenzaba a caer nuevamente de forma lenta mientras el sol se ocultaba otra vez, caía de forma armónica depositándose suave y silenciosa sobre la vieja nieve de la noche. Nieve que renovaba, con un nuevo manto, el antiguo manto; momento en el que me vi reflejado en el metal blanco del coche, temeroso y violento; con el rostro sanguinario de un lobo que había dado cumplida cuenta en una confusión de imágenes en que la huida se mezclaba con la sangre, de mi amigo y de la anciana del Caurel. Un lobo que no quiere matar y que huía de otro lobo asesino, quizá yo mismo, ¿por qué no?... Yo que huía de mi mismo entre la nieve de la noche.

A lo lejos una jauría de lobos hambrientos aullaban comandados por un lobo negro y grande. A su lado otro lobo gris y poderoso aprendía de lo que significa comandar a una a jauría de lobos. Sé que el oficial los escuchó como yo... pero él nunca diría nada del temor que sintió entonces recorrer desde la cerviz su cuerpo entero... Como yo.

FIN

grey wolf anda black wolf
El lobo gris aprende del lobo negro


jueves, 24 de septiembre de 2015

Un cuento inspirado en una leyenda. Parte II

En los bosques de Galicia

Brujas, lobos y hombres

Muchas son las historias de hombres lobo que se cuentan, algunas parcialmente ciertas y otras absurdamente falsas. El mito del hombre lobo ha sido llevado muchas veces a la gran pantalla en forma de película de terror o de tragedia y drama.

Espectacular es, por ejemplo, "Lobo" de Jack Nicholson.

Jack Nicholson "Wolf"
Jack Nicholson como "Lobo"


Más allá de los mitos y leyendas se ha dado el caso de la enfermedad de la licantropía como una psicopatía extraña de quien pierde la cabeza creyendo ser un lobo. Entonces actúa como un asesino que mata a sus victimas empleando exclusivamente sus dientes y sus manos.

El único licántropo diagnosticado - que yo sepa - fue Manuel Blanco Romasanta. Un hombre pequeño de rasgos tiernos e infantiles que tras la muerte de su mujer se dedicaba a la venta ambulante de grasa por las tierras de Galicia.

La caza y captura de este hombre se produjo porque se difundió la historia de que esta grasa tenía origen humano y, en consecuencia fue perseguido y capturado tras una rocambolesca huida en la que llegó a convivir entre animales.

Romasanta película
La historia de Romasanta ha sido disculpa de muchas películas
Unas más realistas y otras menos,


Romasanta fue capturado y confesó los muchos crímenes cometidos contra niños y mujeres. Eso sí, tales atrocidades las había cometido bajo la forma de lobo con sus propias manos y sus mismos dientes. En el siglo XIX, eso de la locura no parecía ser una eximente y fue condenado a "Garrote vil".

Su historia real dio lugar a muchas leyendas en muchas aldeas de Galicia y parece ser el origen de otras tan conocidas como la del "hombre-lobo" o la del "hombre del saco" con la que a tantos niños se les ha ido atemorizando tradicionalmente para que obedezcan o no se vayan con extraños, por ejemplo.

Romasanta
Aspecto de Romasanta, el hombre lobo de Allariz que ha dado lugar a muchas leyendas


Pero sigamos con la segunda parte de esta otra leyenda basado en algo real que corre entre los pueblos del Caurel, en la altas y blancas montañas que unen y comparten Galicia con León.

TROTACONVENTOS DEL CAUREL – PARTE II
Nos sentamos alrededor del fuego entre tonos cobres, azules y amarillos que se reflejaban en cada uno de los rostros, los cuales ganaban en personalidad y definición. Jimi mantenía los ojos perdidos mirando al fuego del que emergía a intervalos irregulares figuras fantasmagóricas como la propia faz de Trotaconventos del Caurel. Ella seguía contando cosas del lugar en tanto nos ofrecía una sopa caliente que tenía en el pote que descansaba al lado del hogar.

  • ¿Por qué le llaman Trotaconventos?
  • ¿Trotaconventos?... Bueno eso era quien me apreciaba, también me llamaban Bruja, Cascajo o Malfario. Nunca he gozado de mucho prestigio entre los habitantes del lugar a causa de la muerte de mi hermano, ya saben, aquel al que le devoró el lobo. Ellos decían que le había matado yo después de un hechizo, un rito satánico. Ya ven, nunca he creído en eso de un Dios bueno, ¡menos iba a adorar a su enemigo! Cuentos de niños, ya se pueden imaginar.
  • Vaya, son historias terribles – la anciana no daba la maligna impresión de la historia que contaba así que nos decantamos por pensar que todo era fruto de los comentarios maliciosos de la gente de los pueblos pequeños y remotos que prefieren destrozar la fama de alguien para vivir tranquila antes que afrontar sus propias mezquindades. Como si eso les hiciera a ellos mejores personas. - Pero, no me ha dicho a qué viene lo de Trotaconventos.
  • Ah, sí es cierto – contestó mientras se giraba a rellenar la vacía del famélico y callado Jimi que se había bebido la sopa de un trago – Bueno eso es muy sencillo, antes de aquel lamentable episodio me dedicaba a repartir el pan y la leche en los tres conventos del lugar. Por eso me llamaban Trotaconventos, la Trotaconventos del Caurel...¡Qué tiempos!, ya ven...
  • Pero, tendrá un nombre de nacimiento. Un nombre con el que le bautizarían sus padres, supongo. - Terció Jimi que pareció despertar del letargo tras la espesa y cálida sopa.
  • ¿Un nombre?... Si lo tuve, no lo recuerdo. Mis padres eran gente muy sencilla que vinieron de fuera; no eran de aquí, ¿saben? Somos eso que llaman Maragatos y, en su caso, eso de bautizar a sus hijos no iba mucho con ellos, pero vivieron respetados por la gente del pueblo hasta que se murieron siendo yo muy pequeña. Eso es todo lo que sé. Ya digo que pronto me dediqué a repartir la leche y el pan por los conventos del lugar, y de ahí el nombre.
roble nevado
Un roble nevado en el Caurel

El fuego alumbraba toda la estancia y con la mantas parecía disipar el frío gélido que la ventisca había traído. De vez en cuando se escuchaba el aullido del lobo; a veces lejos y, otras, como si estuviera justo a la puerta de la “palloza” esperando sudoroso y hambriento que se abriera para saciar su hambre voraz con nuestra propia vida.

Nos tumbamos a dormir extremadamente fatigados, la vieja Trotaconventos ocupó su lugar habitual en un lado de la palloza sobre un colchón mientas que nosotros acabamos enroscados al otro extremo - cerca de la lumbre – y cubiertos por nuestra manta de viaje y ambos sacos de dormir. Muy pegados para evitar que el calor del cuerpo se disipara y espalda con espalda, dejando la cara cerca del fuego. Los pies se helaban por momentos...

El ruido del fuego crepitaba en la penumbra con sus fantasmagóricas formas que danzaban sobre el fuego, formando humo dentro mismo de la palloza que se filtraba entre las rendijas del techo para acabar saliendo fuera; el frío se centraba en los pies y en la punta misma de la nariz.

Los ruidos exteriores se hacían cada vez más intensos, el viento soplaba violento, la nieve golpeaba y resbalaba sonora por entre las ramas hasta el suelo y los árboles atizaban al mismo viento formando un conjunto armónico y terrible que parecía como un tren desbocado adentrándose en el túnel oscuro del Caurel para salirse de las vías y precipitarse contra nuestra vieja palloza de piedra y ramas.

De repente se hizo un extraño silencio que duró uno o dos minutos antes de empezar el aullido de los lobos nuevamente... unos pasos parecíiron acercarse hasta la puerta de la casa. Tres golpes secos contra ella avisaban de que alguien estaba a la puerta bajo el frío, entre la nieve helada. La vieja se levantó sobresaltada y asustadiza con el rostro lívido de quien teme lo peor.

Lobos en la nieve
Los lobos acechando en la nieve

  • ¿Quién anda ahí? - Nuevamente tres golpes secos en la puerta: tac, tac, tac y el silencio se hizo espeso entre los que nos encontrábamos en el interior.
  • ¿Quiere que abra? - intenté tranquilizarla . Quizá sea otro caminante como nosotros, o la Guardia Civil que nos busca, no se preocupe.. Seguro que noserña nada.
  • No lo creo, esta noche es una noche extraña... pero abra, abra, por favor. No sea que alguien se ande congelando ahí afuera...

Me acerqué a la puerta agachado para no golpear con el techo que en esa zona apenas llegaba a los ciento setenta centímetros. Intenté abrir la puerta empujando hacia fuera y apenas se abrió, dejando un resquicio estrecho por el que se apreciaba más de un metro de nieve. Nieve que bloqueaba la puerta e impedía ver quién estaba fuera. Una mano sujetaba desde fuera la puerta, una mano fuerte y gruesa amoratada por el frío. Escuchamos un “ayúdenme” y logramos desbloquear la puerta que, poco a poco, fue cediendo hasta que un hombre de mediana edad apareció tembloroso y semidesnudo en el umbral.

  • ¡Hermano! - gritó sorprendida la Trotaconventos del Caurel – Pero, pero..., ¡¡¡estás muy joven!!!

El hombre entró y se arrojó sobre los brazos de la anciana sollozando entre inquieto y asustado.
(…) Continuará

Jack Nicholson Wolf, Lobo
El lobo es Jack Nicholson


martes, 22 de septiembre de 2015

Un cuento inspirado en una leyenda. Parte 1

El escenario: el Camino de Santiago

Brujas, lobos y hombres

El Camino Francés es la más tradicional de las rutas que recorren el Norte de España procedente de toda Europa hasta alcanzar la ciudad de Santiago de Compostela. Una ciudad milenaria en donde reposan los restos del Apostol Santiago y que es el destino de numerosos peregrinos desde hace ya un milenio.

Santiago de Compostela desde La Alameda
Santiago de Compostela desde La Alameda


Hoy en día ya sea por motivos deportivos, espirituales o religiosos siguen yendo a la ciudad del Santo miles de personas caminado, en bicicleta, a caballo, en coche, en tren o en avión. Y se ha transformado en una de las rutas más exitosas de toda Europa con el motivo religioso como excusa. A lo largo del camino, cuando lo recorres caminado, percibes cómo te adentras en una ruta ancestral donde profundizas en tu propia razón de ser y te ligas poco a poco al camino que recorres junto a los miles de peregrinos que te precedieron por esa ruta ancestral.

La fatiga, la ruta tradicional, los distintos pueblos, los bosques centenarios hacen revivir en tu presencia a los espíritus antiguos que te acompañan en esa senda a lo largo del camino, sobre todo cuando lo haces en silencio y sin mucha compañía.

camino de santiago. robles
Camino de Santiago. entre Robles centenarios


Al entrar en Galicia, los bosques te hablan de "meigas", "trasnos", brujas y espíritus buenos y malignos. Si hablas con la gente del lugar te contarán leyendas y mitos reservados para unos pocos, Cosas que sucedieron, quizás, hace mucho tiempo y que aparecen dibujadas en el bosque, en las sendas, en las más altas colinas o en las ramas de los árboles que hablan, piden auxilio retorciéndose en tu busca o te advierten de un peligro inminente.

Y, entonces, Te preguntarás si eran ciertas o no esas leyendas de Santas Compañas y hombres lobo a las que no diste crédito alguno.

Más adelante, cuando el frío del bosque te acompañe, cuando los robles y castaños te susurren al oído nuevamente esas leyendas a las que no diste crédito, quizás escuches el aullido del lobo que vaga en busca de alimento y darás por ciertas esas leyendas y muchas otras que se ocultan en las raíces misma de esta tierra que te conduce entre brumas, lluvias y paciencia a la milenaria ciudad de Santiago de Compostela.

lobo en el bosque
Un lobo te invita a andetrarte en el bosque de Trotaconventos del Caurel...¿Quieres entrar?


Una de estas leyendas habla de una mujer que llamaban "Trotaconventos del Caurel" y empieza así...

TROTACONVENTOS DEL CAUREL – PARTE I

La pendiente se retorcía entre castaños y robles cuando la ventisca comenzó. La nieve caía con violencia contra nuestros rostros fatigados tras una jornada demasiado extensa. Santiago de Compostela quedaba lejos todavía cuando el viento comenzó a chillar entre las hojas y las ramas que se sacudían violentas. Nadie había en el camino que conduce a la ciudad del Santo, decidimos caminar durante el pleno invierno hacia esta ciudad centenaria con el ánimo de encontrarnos en la soledad de los caminos con los espíritus de los peregrinos medievales que recorrían Europa entera para abrazar al Apóstol.

No nos guiaba un ánimo religioso propiamente dicho, pero sí teníamos un impulso espiritual. Caminar por las estepas te ayuda a encontrar algo en tu interior que desconocías y el cansancio te obliga al silencio y la reflexión. Sin quererlo, paso a paso, golpe a golpe del báculo tradicional y de la venera sobre tu pecho te vas adentrando en tu propio ser de un modo inconsciente; entonces comienzas a tratarte como antes nunca lo habías hecho y a quererte porque superas la fatiga y te comprendes, de alguna manera.
nieve en el camino de santiago
Nieve en el Camino de Santiago

Iba farfullando contra la decisión que había tomado Jimi de continuar unos veinte kilómetros más para adentrarnos en tierras gallegas a la altura de Vega de Valcarce. tras una copiosa y agradable comida. El camino, que parecía claro y despejado, se había cerrado en una nube negra primero para introducirnos, poco después, en una densa niebla que nos había obligado a equivocar la ruta y, ya, un poco más arriba - en dirección a Pedrafita - buscábamos encontrar la senda que nos lleva a Compostela cuando un frío polar se hizo sentir entre las ropas... congelando primero mi nariz, luego mis labios y al final hasta los dedos de los pies parecían témpanos bajo la piel curtida de las botas.

La lluvia fina había dejado paso a una nieve blanquecina que caía suave y esponjosa sobre nuestras espaldas cuando el camino serpenteaba blanqueándose lentamente y enfriándose más rápidamente todavía. Un ambiente gélido y navideño que provocaba cierta inquietud en la soledad del bosque de robles y castaños.

Nuevamente, el viento arreció violento entorpeciendo nuestro paso; nos cubrimos con abrigos y mantas e intentamos buscar un refugio en las cercanías del lugar en donde estábamos. Nuestros pies se iban hundiendo a cada paso en la nieve que empezaba a acumularse, manto sobre manto, hasta una copiosa columna que hacía difícil el camino. Nos miramos asustados, pero decidimos continuar pues no había forma de retroceder.

Los pasos se desvanecían a nuestra espalda con la joven nieve que caía y el camino desaparecía a nuestro frente entre la espesa vegetación del bosque húmedo y albino. La situación se tornaba peligrosa a cada paso aunque la estampa era bella, el ritmo trepidante de nuestro corazón nos hizo apurar el paso para alcanzar algún lugar donde cobijarnos.

La nieve cubría desde la gorra al abrigo y blanqueaba nuestra masculina barba helando nuestros labios; esa misma nieve impedía ver ya nuestro entorno y se hacía cada vez más copiosa y dolorosa pues el viento la hacía golpear violenta contra todo, y ese todo nos incluía a nosotros obviamente.

Entre la espesura verdiblanca se adivinaba, de repente, una especie de refugio de piedra con planta redonda y tejado de paja, la tradicional “palloza” de estas tierras del noroeste de España. Una vivienda rústica y antigua que las gentes del lugar habitaban todavía no hacía demasiado tiempo. Apuramos el paso para acercarnos al lugar, teníamos comida y abrigo para aguantar, al menos, la noche que se nos había venido encima.

palloza bajo la nieve
Palloza bajo la nieve


El refugio sería suficiente para aguantar esta ventisca, así que apuramos el paso con la satisfacción de vernos a salvo cuando el negro manto y – paradojas de la vida – blanco, había caído sobre nuestras cabezas; así veníamos pensando a medida que nos aproximábamos a nuestra “palloza”.

Al llegar a ella, la puerta se abrió saliendo como de un bucle perdido dentro del tiempo una anciana pequeña de cuerpo encorvado y rostro arrugado y anguloso. Caminaba ligera apoyada con una mano en su bastón y, con la otra, sujetando una manta que giraba en torno a su cuerpo cubriendo la cabeza, el tronco y las piernas. La manta se arrastraba por la joven nieve que había alrededor de la casa.

  • ¡Buenas tardes, señores! Pero, ¿qué hacen por estos parajes dejados de la mano de Dios? - Hablaba en castellano con un marcado acento gallego y su voz parecía chirriar en algunas consonantes sonando estridente en ocasiones, la voz de una anciana de elevada edad.
  • Nos podría cobijar esta noche, vamos camino de Santiago... La fuerte ventisca nos ha sorprendido en medio del camino.
  • ¡Oh, claro! Pasen, pasen. Mi morada es humilde, es la casa que me dejaron mis padres... Pero será suficiente para evitar el frío. Tengo encendida la lumbre con leña seca. Pero, díganme, ¿cómo han venido a caer aquí, tan lejos del camino?
  • Cierto, es que la niebla era muy espesa y nos debimos confundir en algún momento. - Contesto Jimi
  • Pues se han confundido bastante, estamos en el Caurel a más de veinte kilómetros, por lo menos, del “Camino Francés”.
  • ¿Veinte kilómetros? - Preguntamos extrañados al unísono.
  • Sí, sí. Lo menos. Y el poblado más cercano anda a quince kilómetros de aquí. Además las noches como estas son peligrosas. Entren, entren... caballeros que la noche se cierne y el frío temporal trae vientos de cólera y hielo de tiempos inmemoriales.
  • ¿Peligrosas? - pregunté inquieto
  • Claro, hijo, anda el lobo rondando y cuando hay nieve tiene más hambre. Mucha hambre. Pues las fieras se esconden y en la desesperación se enfrenta a su enemigo más fuerte... ¡el hombre! - Resultaba una anciana de curiosa explicación pues parecía personalizar en uno sólo a esos supuestos enemigos - supuse que habría más de un lobo - pero pregunté por si acaso.
  • ¿Un solo lobo?
  • No, “rapaz... Una manada deles”. Una jauría, dicen, ¿no? Pero por estas tierras nunca andan en grupo, son cazadores solitarios. Muy peligrosos,... no solo para el ganado. A mi hermano (ya hace tiempo) lo descuartizó un lobo una noche como esta... ¿Cómo se llaman, ustedes?
  • Oh, es verdad no nos hemos presentado. Me llamo Luís y, este que está tan callado es Jimi. Y usted, amable anciana, ¿cómo se llama?
  • Bueno me llaman de muchas maneras, no todas buenas. Las más de las veces me llamaban la “Trotaconventos” cuando me acercaba al pueblo. Pero de esto hace ya tanto tiempo, hace años que no voy por el pueblo.
  • Vive sola por lo que veo, y cómo sobrevive.
  • ¿De qué vivo? Tengo unas cabras y algo de campo donde planto lo que necesito. Estoy sola desde hace casi veinte años cuando mi marido se murió. Pero estoy bien aquí sola en contacto con los árboles y la montaña que me cuentan sus secretos más ocultos. Hoy por la mañana cuando el viento se levantó me andaban diciendo que algo extraordinario iba a ocurrir, que iba a recibir una visita. Pensé que se refería a la Santa Compaña o alguien así que me llevara al “otro barrio”, pero ya ven, resulta que son ustedes. Sorpresas que traen los vientos del invierno.
interior de una palloza
Interior de una palloza