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viernes, 26 de febrero de 2016

El sitio de mi recreo III

Ingenio, imaginación y creatividad: Aire

Una sinfonía en diez movimientos, tercera y última parte

Concluimos, por ahora, esta pequeña entrega dedicada a las bandas y grupos  - de todo tipo y estilo - que poblaron los ochenta y noventa en España. El grupo que indudablemente tuvo más éxito de ventas fue Mecano, un grupo que seguro denostarán por demasiado Pop los amantes del Rock puro o del Rock duro, pero que nadie - más allá del gusto - pudo dudar de su calidad aunque yo tuve mis momentos "pro y contra", hoy soy más "pro" que nunca.


Su éxito fue arrollador, pero haríamos mal si nos quedamos exclusivamente en su carácter de lideres del Pop porque sus canciones gozaban de una originalidad extraordinaria, unas melodías depuradas y una personalidad dual. Digo lo de personalidad dual porque, con  los años, se fue notando cada vez más quién era el compositor de tal o cual canción, si era Nacho Cano o si era José María Cano. Ambos aplicaron su diferente personalidad a su diferente modo de ver la música.

A mí me interesa destacar la capacidad de ingenio, imaginación y creatividad de ambos, para lo cual pondré solo un ejemplo - que hay más -. La canción más llamativa por su letra de carácter abstracto aunque perfectamente comprensible, con cierto toque de ironía y paradoja es la canción de Aire. Su tono melódico invita a pensar en una canción romántica del montón, pero su letra entra en el culmen de lo subrealista, pasando por lo grotesco y terminando con un morboso sentido del humor propio de nuestros genios de la literatura o del cine.



Es, casi, una canción  valleinclanesa. Y como prueba aquí os dejo la letra y el vídeo.



AIRE (MECANO - José María Cano)

Una noche de resaca 
al tratar de despertar 
noté que por el ombligo me empezaba a desinflar 
que mi cuerpo se arrugaba 
como un papel vegetal 
e iba pasando, que curioso, al estado gaseoso .

Y tras la metamorfosis 
me sentí mucho mejor 
era un aire gris oscuro y con bastante polución,
se notaba en cualquier caso 
que era aire de ciudad 
que si bien no es el más sano,
lo prefiere el ser humano

Aire,
soñé por un momento que era aire, 
oxígeno, nitrógeno y argón, 
sin forma definida, ni color 
fuí aire, volador.

Como yo soy muy consciente 
hasta en esta situación, 
decidí ser consecuente con mi nueva dimensión 
y probé a ser respirado, 
por la que duerme a mi lado, 
sin entrar en pormenores,
yo sé hacer cosas mejores. 

Como no me satisfizo 
la experiencia sexual, 
se me inflaron los vapores, me convertí en huracán 
di unas tres o cuatro vueltas 
y a la quinta me cansé 
este cuarto es muy pequeño
para las cosas que sueño

Aire,
soñé por un momento que era aire, 
oxígeno, nitrógeno y argón, 
sin forma definida, ni color 
fuí aire, volador.

Y lo siento por mi novia 
y el cristal que me cargué 
me escapé por la ventana y en picado me lancé 
pero tuve mala suerte 
y cuando iba a remontar 
me volví otra vez humano no faltéis al funeral

Aire,
soñé por un momento que era aire, 
oxígeno, nitrógeno y argón, 
sin forma definida, ni color 
fuí aire, volador.



Cabe destacar que el pegamento de los dos hermanos Cano era la voz de Ana Torroja, una voz de calidad y que imponía la personalidad del exitoso grupo. Como se puede ver la letra es original y llamativa. Con otra melodía podía entrar en el mercado del Punk como aquella de "Bailaré sobre tu tumba" de Siniestro Total, sin ningún género de dudas,

Pues a lo nuestro, que es terminar la Sinfonía en diez movimientos, veremos si logra el pobre hombre del metro hablar con la chica que le enmudece y le conduce a las más altas cumbres de la pasión, dejándole después aplastado y depresivo. Así es el amor, amigos: una feria, una montaña rusa, un conjunto de esperanza y desesperación, un tío vivo sin fin.



Con esto finalizamos la serie de entradas dedicada a los ochenta y noventa y que bien define la melodía del Sitio de mi Recreo.

UNA ORIGINAL SINFONÍA EN DIEZ MOVIMIENTOS
3ª PARTE
FINAL

Octavo movimiento: “otra vez se ha despertado y nuevamente se ha escapado dejándome dormido y sin conocer su nombre. Ya sé tanto de ella... y sé que tiene nombre a pesar de que no me lo ha dicho todavía. Sé que el piano destaca acompañado por violines y va mejor cuando es relajado y suave, que conserva la pasión al ritmo lento de la tarde. Sé que su piel es marfil y aroma de un naranjo en primavera, sé que su alma es agradecida y agradable, que ama y sabe amar. Mas no conozco el timbre de su voz, no conozco más de lo fortuito de su pasión ni del sabor de su sonrisa. Sé que es una sinfonía incompleta y un lugar perdido en un abismo de ruido y de torpezas. Sé que es un ser accidental, un accidente de la ciudad. El más agradable y cuerdo que jamás he sentido, es mejor que la soledad acompañada por las letras de un libro olvidado en la estantería, mejor que la paz tras la batalla.
Ella es pasión y compañía, su aroma destila sutilezas y fragancias insondables, la tenue brisa que acompañó a la creación. Un soplo, un hálito divino que engrandece el corazón y llena el alma derritiendo los muros de las prohibiciones en un mar de gelatina. Es el límite rebasado, un cántico espiritual y la libertad tras años de cautiverio. Es el deseo en paz conmigo mismo, la curva del placer acrecentada en el abismo de un ocaso que se oscurece en un paisaje dormido sobre el mar. Una isla en una paisaje de habitantes. Un réquiem de un alma santa entregado en caridad, el canto de Dios a su llegada, las puertas que se abren y las almas que se abalanzan en su busca. Una diosa de nieve y de metal.”




Noveno movimiento: “mi desesperación llega al paroxismo cuando espero en la escalera 68 y solo veo a hombres de bigotes engominados tropezando con ancianas y bolsas de Mercadona que se caen derramadas en el suelo. Cuando regreso a altas horas para encontrar el encuentro fortuito, subo y bajo la escalera tantas veces que ya sé el horario del pan y los bizcochos, los turnos del local y la ronda de vigilancia de memoria. Sé que Esteban sale de mañana con el perro, y Andrea y Saturnino van juntos a las tres. Sé donde viven y qué hacen, ya me tienen por el loco amable del Metro, un ser extraño que se oculta en ocasiones de forma sorprendente y dobla la esquina veinte veces a la hora. No saben lo que es una búsqueda desesperada y fortuita; no saben lo que es el aire cuando falta, ni la belleza de una cumbre nevada en el mismo momento que la has alcanzado. No saben que la adrenalina manda cuando te has atrevido una vez y la cabeza da vueltas en busca de la morfina que te prive del dolor que produce una ausencia como lo que es ella, la belleza misma en su propio frasco perfumado.
Nadie sabe que mi vida es ahora una pesadilla de ausencias, un momento tras el trabajo cuando las manecillas del reloj señalan que ella está tras una esquina. Y tras esa esquina, casi siempre la nada y la decepción de la nada. La armonía rota, los metales enloquecidos y los timbales horrísonos y fuera de lugar, los violines ya no suenan y todo es estridencia, ruido y desorden fuera de compás. Una cosa sola mantiene la cordura; al fondo, un único violín conserva la melodía victoriosa, lenta, tranquila y dando calma que amansa al metal primero y después a los demás. Un violín que palpita bajo el nombre de esperanza, un nombre que conserva la tensión y crea la calma. Una voz que dice, será siempre lo que fue aunque parece que se va.”




Décimo movimiento: “tras la tensión vivida, regresé a la calma del día a día. Tras un duro día de trabajo volví al metro evitando pasar por la escalera 68, el paso de la esperanza y la desdicha. El señor del bigote engominado iba delante siguiendo a una anciana con una bolsa de Mercadona en la distancia, evitando cruzarse, y les seguí pues intuí que algo extraordinario iba a pasar. Y sucedió que tras la esquina donde encontraba esos apasionados labios, la señora se detuvo y el señor engominado estuvo a punto de chocar, no lo hizo y se detuvo. Una risotada de triunfo salió de su garganta ante la mirada anonadada de la anciana, un gato negro pasó por entre sus piernas y el triunfo de vencer a la mala fortuna le llenó de dicha. Dio un salto y se marchó, al igual que la anciana. Tras ellos, continué mi lento caminar con las manos en los bolsillos; miré abajo, y apareció ella como una celestial visión. Chocamos nuevamente y mis labios cayeron en sus labios explotando en sensaciones nuevamente. Los olores, el sudor y la alegría palpitante se confundieron en un potente piano revestido de percusión y cuerdas. Un violín al fondo se apagaba, para dar paso a la entrada de diez violines alegres y rítmicos. La esperanza que finaliza si llega la alegría. Todo acabó entre las sábanas de mi cama, en silencio; en armonía victoriosa y en vigilia lenta y adecuada. Dormimos entrelazados nuevamente desde el ocaso a la aurora.
Mas, al llegar la mañana, con los rayos de sol encendidos sobre mi cama... ella ya no estaba. Busqué por todas partes, salté a la calle para ver si unos tacones alejados repiqueteaban en la acera y no la vi. Su nombre..., nuevamente olvidado sobre mi cama. Subí apesadumbrado las escaleras de mi casa y, al cerrar la puerta, sentí el vacío de su ausencia. Ella era el único motivo de mi existencia.
El sonido repentino de la ducha me devolvió la esperanza y el tranquilo son de un solo de violín que, relajado y vivo, surgía del fondo de una partitura olvidada. Cesó la ducha y la puerta fue abierta. Salió vestida con un albornoz negro, el pelo largo, ensortijado y cobrizo; una sonrisa espléndida y una piel pálida como la nieve, la porcelana o la mañana. El piano cadencioso devolvió la armonía a mi casa.”
  • Hola, me llamo Vida.
  • ¿Te quedas?
  • Hasta que la muerte nos separe.


Y un sonido de timbales precedió a la aurora del solo de piano épico de  unas walkirias victoriosas y, mojado de esperanza, se confundieron sus teclas con un metal diáfano como la mañana que lentamente quedó arrullada en un manto de violines suaves, lentos, relajados acompasados y melódicos.

Entonces la tome de mi mano y bailamos desde el orto hasta al ocaso.

FIN




miércoles, 24 de febrero de 2016

El sitio de mi recreo II

Siempre quise ir a LA, también

Una sinfonía en diez movimientos, segunda parte

Hay canciones que marcan una época de tu vida, canciones cuyo sonido evoca una persona, un momento, un día preciso de tu historia personal. Son canciones que vienen a la memoria con el grato recuerdo de un aroma, de un ambiente o con un rayo de sol incidiendo sobre tu piel todavía sin curtir.



Este es el caso de "Siempre quise ir a LA" (en realidad, Cadillac Solitario), interpretada por Loquillo y compuesta por Sabino Méndez. Aquella pareja que produjo de lo mejor que se ha producido en España en cuanto a música de bandas de Rock. A veces peleados, a veces reconciliados, Sabino parecía componer sus canciones con la personalidad de Jose María Sanz - Loquillo - y los acordes precisos para las distintas bandas con las que tocaron, yo me sentí muy identificado con los Trogloditas de Ricard Puigdomenet & co.

La historia de la canción es sencilla, cuenta la amargura que siente el Loco en la colina del Tibidabo al lado del Pub Mervellé tras otra aventura de tantas junto a una rubia que "vino a probar el asiento de atrás" de su Cadillac Solitario. Él se queda contemplando su ciudad desde esa colina y recordando los viejos momentos vividos junto a uua chica a la que canta, que ya no está a su lado y que se ha ido lejos (quizás a LA). La canción comienza lenta y va "increscendo" hasta que un grito desgarrador brota de la castigada garganta de Loquillo mostrando la desesperación por la pérdida de su "Nena", ya decente mientras él permanece melancólico y borracho en su Cadillac Solitario.



Mi historia personal es que al escucharla recuerdo aquellos conciertos y aquel encuentro fortuito con Loquillo saliendo de un Porsche 924 de (supongo) el dueño de la discoteca Clangor con quien les únía algún acuerdo comercial. Una discoteca, con triste final, pues sufrió años después de aquel encuentro un atentado de un grupo terrorista que acabó con la vida de tres jóvenes y supuso el fin de aquel lugar.

El loco, por entonces, más Rocker que otra cosa, vestía la típica chaqueta bicolor con la T de los Trogloditas y el Pájaro Loco con la bandera Sudista en la espalda, pantalones pitillo de corte "pescador", tupé espectacular y zapatillas altas del tipo John Smith. Un toque retro aire "años 50" americanos. Recuerdo que un colega y yo le pedimos un autógrafo que escribió en una página del libro de filosofía.


- Filosofía, ¡qué mal rollo! - nos dijo amable y simpático. Nos firmó en la página que habíamos abierto sin más donde trataba la Filosofía de las Ideas de Platón - ¿Vais a venir al concierto?

- Claro, "Loco". No faltaremos. - Guiñó un ojo y se volvió con su colega, el dueño de aquel Porsche rojo caminando como de puntillas y a grandes zancadas.

Meses después, en el examen de Filosofía de Selectividad, los autores que cayeron fueron  a elegir entre Inmanuel Kant y Platón con "el Mito de la Caverna" y el mundo de las ideas. Entonces recordé que la firma del Loco estaba en la página que halaba del Mito de la Caverna y cuando ya me había decidido por seguir al idealista Rocker y su autógrafo, sonó procedente desde un Cádillac de segunda mano estacionado en el aparcamiento de la Facultad donde hacíamos los exámenes la canción "Cadillac Solitario", o sea... "Siempre quise ir a LA, dejar un día esta ciudad. Cruzar el mar en tu compañía...".



Mi amigo y yo nos miramos a lo,lejos y optamos por el idealismo de Platón y el Mito de las Cavernas mientras disfrutamos de cinco minutos gozosos con una canción épica, de ritmo lento y cadencioso, amarga como pocas pero dulce en el recuerdo. El calor resultaba asfixiante y la Filosofía estaba aprobada, quizás gracias al autógrafo de Loquillo. ¿Quién sabe?

A eso me recuerda esa canción cuando suena, al calor de los meses en que se aproxima el verano y a la Filosofía de Platón y al rechazo visceral y sinsentido del bueno de Kant.

Bueno, una vez contados los recuerdos del abuelo, volvamos con la Sinfonía en diez movimientos que ayer empezábamos y que teníamos pendiente, quedará una tercera parte para otro día. Quizás mañana,.. ¿qué sabe nadie?.



Sinfonía en diez movimientos
Segunda parte (...)

Cuarto movimiento: “Siempre que bajo la escalera 68, pienso en ella. El ritmo establecido por el chillido de la escalera me recuerda nuestro encuentro fortuito, los labios y su piel desnuda. Hoy, sin embargo, he decidido no esperar ni un minuto más, continuaré hacia el trabajo y, de regreso, hacia casa sin detenerme un instante en el pasillo.
Ha pasado a mi lado el hombre del bigote engominado con un vendaje en la cabeza, se ha cruzado con la anciana de la bolsa de Mercadona y ha girado dando un rodeo enorme para evitar que le viera. Creo que considera que le trae mala suerte... y algo de razón tendrá porque cuando ella levantó la mano para saludarlo, el hombre ha tropezado nuevamente y se ha dado un buen golpe con el puesto de pan y pasteles. No ha pasado nada. He girado la esquina y me he tropezado otra vez con ella, su sonrisa quedó a mi altura y nos besamos nuevamente sin mediar palabra. Su ondulada y pelirroja cabellera, su piel de plata y sus labios dulces me hicieron olvidar que existen las palabras.”

Quinto Movimiento: “El sol me despierta nuevamente y se ha vuelto a ir sin avisarme. Me siento extraño, querido y despreciado. El ruido estridente de los coches me recuerda que es sábado, pues la sinfonía del día varía según el momento de la semana. Ya no sé si estuve nuevamente con ella o fue un sueño su presencia. Me preparo un café, y descorro las cortinas... Pienso en ella nuevamente como un solo de piano en medio de la nada..., la orquesta se apaga cuando ella aparece, el metal está en el metro con el torpe trombón de la mujer de la bolsa de Mercadona y los redobles son los coches. Pero siento que faltan los violines..., esta sinfonía exige menos pasión desenfrenada y un rato de conversación a la luz de una vela.
El solo de piano, pelirrojo, aparece sorprendente y sin nombre. Soy, al final, el director de orquesta, una batuta que es movida por la sinfonía y no domino ya mi vida. Empiezo a desesperarme, tengo que verla de nuevo y detenerla un instante antes de que su escala me conduzca a los lugares desconocidos de la aurora y el ocaso simultáneo. Debo imponer un orden porque me gusta, pero me hacer sentir vacío en su ausencia. Ese solo de piano tiene que tener un nombre.
El café humeante con su toque torrefacto se desvanece al correr de las cortinas y el silencio de los coches cuando recuerdo que tengo un partido de Pádel con Roberto.”


Sexto Movimiento: “tras la ducha, le comento a Roberto lo de mi solo de piano sin orquesta y alucina de que no tenga nombre todavía. Considera que debe tenerlo y que yo no lo conozco, pero no sabe lo que dice. Ella no tiene nombre porque tengo su sabor intenso en mis labios, su ternura en mi pecho y su acrisolado pelo resbalando por mi cara. Ella no tiene nombre porque es un encuentro fortuito, como un terremoto que todo lo desordena, como el metro que llega tan a deshora que hace cambiar toda el sistema organizado. Como si levantaran la Castellana entera un lunes de mañana en hora punta, una locura, una sinrazón y una impostura. No, lo siento, ella no tiene nombre... todavía.”


Séptimo movimiento: “un mal día en el trabajo y de regreso por el metro espero no encontrármela de nuevo, hoy me siento odioso y odiado y temo vengarme en su mirada de este desastre de momento. No quiero pensar más en los errores cometidos, no quiero pensar en el tormento de soportar la caradura de la gente. No puedo entender cómo se puede aprovechar nadie de pequeños errores de cálculo haciéndolos cobrar tan caro. El metro apesta a metal y pan, la gente se ha vuelto fea de repente y pasa, esta vez sin tropezar, la anciana de la bolsa de la compra y el hombre del bigote engominado.
Este se queda quieto cuando ve pasar a la anciana y comienza a caminar, una vez que ha pasado y no le ha visto. Un pequeño gesto al arrancar le impide tropezar de nuevo y giro la esquina y... está ella de nuevo frente a mí. Nuevamente su sonrisa delata que no me espera deliberadamente y que sigo siendo una agradable sorpresa para ella. Un sol a mediodía tras una mañana de lluvia intensa, así es ella también para mí. Sus labios dulces se cruzan nuevamente como antes y caemos rendidos en una hoguera de silencio cuando el in crescendo de violines suena por primera vez en un compás lento de piano, relajante, dulce y apasionado.
Dormimos juntos nuevamente y cobra sentido la ciudad en sus brazos como una melodía organizada y afinada, poderosa e inclemente. La vida se hace paso en el vivir cotidiano y la sorpresa es un don perfecto, un regalo en forma de sinfonía. El séptimo movimiento es el mejor, el más poderoso y armónico de todos, una aurora de sol e improvisación, una pastoral juvenil y dichosa, un día de primavera con Walkirias a caballo de un firmamento perfecto. Quizás sea porque empezó mal el movimiento que lo sublime destaca con evidencia como el corazón latiendo en el medio de la polución de esta ciudad maldita”


Continuará

martes, 23 de febrero de 2016

El sitio de mi recreo I

Pop-Rock de los 80/90

Una Original Sinfonía en Diez Movimientos Primera Parte

No descubro nada si recuerdo que los enloquecidos primeros años de los 80 en España dieron como fruto un número espectacular de bandas de pop y rock de indudable creatividad y calidad. Y tampoco que aquellos años de conciertos y desenfreno tuvieron su otra cara de la moneda. Fueron muchos los líderes o miembros de diversos grupos que cayeron como consecuencia de aquella locura colectiva que aunaba ansias de libertad con desfase.

Aquel Nacha Pop de los primos Vega

Sin pretender nombrar a todos, que sería imposible, si quiero recordar a algunas de estas bandas que empezaron entre finales de los 70 y principio de los 80 y que fueron desapareciendo o se fueron transformando en algo diferente que llega hasta nuestros días. Desde Burning con su "Qué hace una chica como tú en un lugar como este", con sonido de garito y cuatro colegas desgañitándose con él, hasta aquellos Héroes del Silencio con su Rock profundo e internacional, interpretado de forma magistral por un Bunbury cuya fuerza desgarradora en el escenario es capaz de erizar la piel a cualquiera ya cante algunos de sus clásicos o se ponga con canciones más populares del tipo "El Jinete".

Grupos de Punk, Pop, Rock clásico, Rocabily, Rocker, Nueva Ola, Movida, Heavy, Mod, Radikal, Urbano o Mestizaje poblaron la piel de toro y ofrecieron un sinfín de posibilidades musicales como Alaska y Dinarama (su mejor versión), Loquillo y Trogloditas, Gabinete Caligari, Secretos, Tenesse, Rosendo, Limones, Nacha Pop, Hombres G,Siniestro Total, Radio Futura, Los Elegantes, Glutamato yeye, Golpes Bajos, Danza invisible, El Último de la Fila, La Mode, Objetivo Birmania, Mecano, Ilegales, Los Ronaldos, Seguridad Social, Tino Casal, Azul y Negro, Orquesta Mondragón, Kiko Veneno, Joaquín Sabina, Barricada, Leño, Barón Rojo, Ilegales, Los Nikkis, La Unión, La Guardia, Toreros Muertos, Tam Tam Go, Cómplices, Semen Up, La Frontera y un largo etcétera, 

Aquella Radio Futura de los hermanos Auserón

Valgan como pequeño ejemplo de lo que en esas dos décadas vivimos, mas intensamente hacia mediados de los ochenta cuanto todo el mundo quería formar un grupo semejante en cualquiera de sus vertientes artísticas, que aquí cada uno tenía su carisma. Yo escuche de todo por entonces y casi todo bueno o muy bueno.

De aquellos grupos sonaron canciones únicas como Deseo carnal, María, Cuatro Rosas, Déjame, Lucha de Gigantes, Annabel Lee, Bailaré sobre tu tumba, Pájaros de Barro, Embrujada, Sin documentos, Princesa, Adiós Papá y otro larguísimo etcétera que solo puede dejarme mal a mí y a mi flaca memoria.

Los Secretos de los hermanos Urquijo

Pues si es difícil poner un representante de todo aquello, ya sea como persona o como canción en cuanto a la intensidad, calidad y consecuencias, pero yo creo que no es del todo injusto elegir a Antonio Vega (cantante junto a Nacho Vega de Nacha Pop y luego en  solitario) y la canción que yo diría pone fin a esa época tan entusiasta y convulsa y que podría escenificarse en su propia letra que es "El Sitio de mi Recreo", porque en mi opinión es común a todos aquellos grupos y cantantes que tuvieron en esos años a lo largo de España su particular sitio para su recreo en la Música.

Entonces se vivió intensamente una fiebre creativa impulsada por el éxito de los sellos discográficos y un público ansioso de descubrir nueva música y de asistir a la creación de nuevos grupos con el que sentirse identificado. Una época divertida que tuvo sus excesos y que muchos pagaron caro, pero ese es otros tema, quizá para otro momento.

Los Mecano de los hermanos Cano

Y a partir de aquí mi relato que tiene que ver con aquellos años porque aquellos tiempos se vivieron muy intensamente con la música y este relato es una relación entre la música y la propia vida con sus distintos cruces accidentales.

Si bien las Sinfonías se realizan en Cuatro Movimientos, la que yo os propongo como relato está dividida en diez movimientos, diez momentos de dos vidas que se cruzan hasta llegar a un final... inesperado. En esta entrada os propongo los Tres Primeros Movimientos, dejando para las siguientes entradas, los restantes movimientos hasta concluir la sinfonía.


UNA ORIGINAL SINFONÍA EN DIEZ MOVIMIENTOS

Eloise y Embrujada, dos de Tino Casal

Introito: la conocí un día cualquiera, no recuerdo la fecha exacta ni el día de la semana. Si lo supiera, ella, seguro me lo hubiera echado en cara pues no le gustaba señalar las fechas de las cosas. De modo que olvido y recuerdo los momentos y no me arrepiento de haberla conocido, pues como vino se fue, ¡tantas veces!. Tal como llegó, la vi marcharse... una y otra vez.... como la lluvia intensa de un día de primavera... Intensa y refrescante, así fue, así es. Me queda el recuerdo de estos diez momentos. Unos recuerdos que se quedaron dormidos bajo mi piel como el calor de los primeros rayos de luz de un día de verano. Una Sinfonía que creció de cuatro a diez movimientos.
El Dese Carnal de Alaska y Dinarama
Primer movimiento: “el metro de Madrid en hora punta es insufrible, las colas que se forman te conducen de un lugar a otro sin que tengas control preciso en cada pisada, los carteles te dirigen de una muchedumbre a otra y se mezclan los olores intensos y ruidosos, el metal con el pan; las burbujas de una coca cola, con los tacones repiqueteantes de una mujer que se arregla para ir a trabajar. En la esquina esa mujer utiliza la cámara del móvil para acabar de pintarse los labios.
Subí por la escalera mecánica en dirección a la Línea Siete, iba bien de tiempo y decidí no caminar y dejarme llevar por la cadena fija de la fila lenta de la escalera. Ella bajó por la otra y levanté, a su paso, la mirada sin querer. La vi con la sonrisa inquieta e inocente, pegaba tan poco en el paisaje matinal de esta ciudad que me detuve al llegar a la planta superior y la seguí... De repente, mi trabajo dejó de interesarme y la hora se hizo irrelevante.
Al doblar la esquina en dirección a una salida me tropecé con ella, se giró y me besó.”
Loquillo y Trogloditas fueron una banda que hizo época

Segundo movimiento: “las sábanas huelen a su perfume y la ausencia de su cuerpo produce la añoranza del primer encuentro, el olor del metro y ese tropezón fueron el comienzo de una sinfonía. No sé por qué me besó y creo que ella tampoco... Todavía no sé su nombre pero ya he podido saborear su aroma intenso y la suavidad de su piel de porcelana. Ni una sola palabra hemos cruzado y ya la he perdido, quizás fuera porque me dormí después de la mezcla de amor y desenfreno. Tengo que volver a verla pues no sé siquiera su nombre.
La ciudad se mueve al compás de una batuta que ignora los secretos de la vida, apenas los intuyo pero sé que algo marcha fuera de compás. Es vertiginoso mirar desde la ventana el deambular de la gente que se dirige o vuelve de sus trabajos, los coches de reparto y la precisión de los autobuses que expulsan viajeros... lo mismo que los recogen de las paradas como un deglutir espasmódico. Falta un buen director que ayude a percibir los sentimientos de vacío y enfado que produce la ciudad. Para mí, todo ruido es exterior desde ese beso, desde el roce de su cuerpo. Ni una palabra nos dijimos, sólo que dos miradas que se cruzan y un romance que se confunde con la piel... Y no volveré a verla nunca más. Ella es un momento que se me regala... Un momento que se va sin más motivo; como ella vino... se fue.”

Los vuelos rasantes de Barón Rojo

Tercer movimiento: “la estación de metro no tiene ya secretos para mí, subo y bajo por el mismo lugar donde la vi - tantas veces al día en busca del encuentro fortuito - el chillido de los raíles de la escalera 68 resulta un compás gracioso, como el ritmo que marca el devenir de la gente... Ahora se queda vacío el pasillo, sonará el chillido cinco veces, y regresará la muchedumbre a pasar por donde espero para verla otra vez. El torpe violinista de origen rumano repite una y otra vez la misma melodía y, si al principio prestaba atención a los errores, ya dejé de intentar saber si tocaba algo realmente o era una música de algún podcast descargado lo que sonaba.

El Punk de siniestro Total
Sucedió algo gracioso a las siete y cuarto de la tarde. Un gato negruzco, o pardo, apareció de repente entre los pies de la gente. Eso hizo tropezar a una mujer que dejó caer su bolsa de Mercadona haciendo rodar las manzanas por todo el pasillo; un caballero trajeado de bigote engominado quiso ayudarla y chocaron sus cabezas, él se hizo una brecha mientras la anciana apenas sintió nada. Tuvieron que llamar al 112, que le atendió de urgencias; con una pequeña cura, unos puntos y a correr nuevamente los pasillos eternos de la estación de Metro. Mientras tanto, yo seguí en mi sitio... buscando otro encuentro fortuito menos doloroso.”

Y, en mi opinión, quién marcó el cenit de aquella época Heroes del Silencio


Continuará

viernes, 19 de febrero de 2016

Poesía y juegos de palabras

Componer un soneto

Los versos satíricos

No siempre quedan bien pero recomiendo a cualquiera que le guste componer poemas formales intentar hacer algún juego de palabras, y si es satírico mucho mejor. Así como ejemplo podemos recuperar el duelo entre Góngora y Quevedo, en particular, este par de sonetos que son tan estéticos como ofensivos:




Dice Góngora a Quevedo

Anacreonte español, no hay quien os tope,

Que no diga con mucha cortesía,
Que ya que vuestros pies son de elegía,
Que vuestras suavidades son de arrope.

¿No imitaréis al terenciano Lope,

Que al de Belerofonte cada día
Sobre zuecos de cómica poesía
Se calza espuelas, y le da un galope?

Con cuidado especial vuestros antojos

Dicen que quieren traducir al griego,
No habiéndolo mirado vuestros ojos.

Prestádselos un rato a mi ojo ciego,

Porque a luz saque ciertos versos flojos,
Y entenderéis cualquier gregüesco luego.

A mí esa idea de Góngora de pedirle los anteojos a Quevedo para ponérselo a su ojo ciego sólo para enseñarle verdadera poesía, (o sea que su peor estertor es mejor que el mejor verso de Quevedo) me parece zafio, grosero y desde luego, sublime.

Pero veamos qué le responde Quevedo con sus anteojos (que llamaban "quevedos") a Góngora.


Este cíclope, no siciliano,
del microcosmo sí, orbe postrero;
esta antípoda faz, cuyo hemisferio
zona divide en término italiano;

este círculo vivo en todo plano;
este que, siendo solamente cero,
le multiplica y parte por entero
todo buen abaquista veneciano;

el minoculo sí, mas ciego vulto;
el resquicio barbado de melenas;
esta cima del vicio y del insulto;

éste, en quien hoy los pedos son sirenas,
éste es el culo, en Góngora y en culto,
que un bujarrón le conociera apenas.


O sea, en fin, extraordinario sí; pero cruel y perverso el verso de ambos. De este no voy a destacar nada pues destaca por sí solo que si produce sirenas es porque ha sido bien alimentado, según el bueno de Quevedo.
Pues en estos hombres santos de la católica España del XVI y XVII surgen los versos satíricos más extraordinarios que - en mi opinión - nadie ha llegado a mejorar. Será por el rigor formal del soneto que hace crecer el ingenio, o será porque en el XVI aprendían bien  a afilar lo mismo la rima que la espada, que eran bastante de lengua viperina por entonces.
Así que si nos quejamos de lo que la audiencia demanda en la televisión, habría que recuperar estos poemas para ver que - de siempre - la audienca ha demandado lo mismo, eso sí de mejor calidad. ¿No es verdad?
Mi humilde contribución a este juego no es más que una niñería sencilla y divertida, dos son los sonetos de mi cuenta que os propongo y en la que no explico el motivo - que lo tiene - porque no tiene gracia.
LA OSERA (En resumen: hay cada animal por ahí)
Como bien se puede comprender, no conviene meterse en una osera si el oso se haya en ella

Era ese un oso de gran osamenta
al que osó hacer un uso tan de frente,
con tal suerte que seguro hoy lamente
haber usado con tal oso esa cuenta.

Y es que él osó decir que se presenta
una sola esa suerte de repente
y, si perdida el agua de esa fuente
hubiera, su osera iría sedienta.

Por eso lanzó el oso su osamenta,
mas no quiso lanzarla solamente
que fue la su osamenta con el oso.

Así que se mojó más de la cuenta
que al recoger los huesos de la frente
se empapó su cabeza indecoroso.


SONETO A UNA BOLA DE QUESO



Es que acaso era asunto el Emmental
o fue, si acaso, el tema Parmesano
que, entre tanto, con San Simón insano
se me subió lo del queso, tal cual,

a la cabeza. Me sentó tan mal,
el de Tetilla, que estuvo mi mano
temblorosa; y mi voz de pelo cano
peinó a gritos las plumas de un quetzal.

Todo como menos bolas de queso,
todo como poco si es necesario,
haciendo eso como quien más yo halago.

Y si acaso bola me das con queso,
¡dámela curado!, que no es tan caro,
pues es beso que disfruto y me trago.

Dicen que España es una piel de toro, aunque será por su forma porque su contenido es de queso, así que España es también un queso que muchos quisieran comer


Ahí queda eso, por cambar de tercio. Hasta la próxima en La Bitácora de la Imaginación. No olvides pasar por Diario de un Policía ni comprar La Extraordinaria Historia del Reino Prohibido, ni tampoco Dentro del Pozo.

martes, 16 de febrero de 2016

Tradición

El club de los poetas muertos

Reescribiendo a Whitman

Pocas películas han servido para un largo y acalorado debate como la protagonizada por Robbin Williams, como actor mas destacado dentro de un elenco de - entonces - prometedores actores en "El Club de los Poetas Muertos".

El Club de los Poetas Muertas era un grupo de chicos que querían extraer todo el meollo de la vida


El argumento de la película de forma sintetizada es el efecto que produce en un centro educativo de corte tradicional en la mitad del Siglo XX, la llegada de profesor Keating. Un profesor en apariencia respetuoso con esos valores de larga tradición  convencional del centro, pero que lleva consigo una revolución muy particular encarnada en la tópico del Carpe Diem - Vive el momento -,

Todo, a pesar de ser un antiguo alumno de la Academia Wellton, pues él mismo había pertenecido a una sociedad a la que llamaban El Club de los Poetas Muertos cuyo objetivo no era otro que el de una cierta aspiración libertaria de corte estético y esencial. Un lugar en el cual él vivió de forma intensa los principios del Carpe Diem con una verborrea (poética) que brotaba como la savia de un árbol herido.

La Academia Wellton tenía unos sólidos pilares, el principal era la Tradición

A lo largo de la película, el gran director Peter Weir, nos confunde sobre el verdadero aprendiz del profesor Keating pues toda la trama parece centrarse en Neil (Robert Sean Leonard) mientras en el fondo se dibuja el trauma del carácter temeroso de Todd Anderson (Etham Hawke). Y ambos aparecen como el reflejo de las enseñanzas del profesor, la negativa de un Neil que sueña con ser actor y se ve frustrado por el empeño de un padre que no concibe otro mundo para su hijo que el del trabajo y el esfuerzo, siguiendo su ejemplo. Otra vez la tradición como entrega del ejemplo de un padre a un hijo..

Aquí llega el conflicto que muestra la película pues la tradición que es un pilar del centro supone un conflicto irresoluble en la persona del soñador Neil. Así el profesor Keating acabará siendo responsable a los ojos de la Academia de esa frustración que acabará con la tragedia del suicidio del joven Neil. Algo manifiestamente injusto, aunque no se puede dudar de que el profesor y su vitalista filosofía jugaba en un tablero donde no controlaba todas las piezas del juego, resultando la víctima de propiciación o el chivo expiatorio de la tragedia.

Keating les enseñaba a mirar las cosas desde otra perspectiva

El reflejo positivo es el trabajo que hace el profesor para sacar de su tormento interior al bueno de Todd, el cual acaba por ser quien - sin el histrionismo de Neil - acabe comprendiendo las enseñanzas de Keating, algo que demuestra en un acto de reconocimiento público con el empleo de los versos de Walt Whitman inspirados en Abraham Lincoln: "Oh Capitán, mi Capitán" sobre su pupitre y viendo las cosas desde otra perspectiva, superando su personal complejo y venciendo los muros invisibles (la tradicional amenaza, vamos) que la sociedad tradicional imponía a los alumnos de la Academia Wellton de Vernon.

Una gran película, vitalista y trágica, con una preciosa fotografía y una mejor interpretación que explica el conflicto de dos sociedades que chocan, la que defiende la tradición y la que defiende la libertad, el libre pensamiento, etc.

¿Acaso alguien tiene hilo directo con Dios?, se preguntaba Nuwanda

Quizás exagere en la presión que ejercen las estructuras tradicionales, pero es que sin tragedia, esta película sería menos interesante; sólo llevando hasta el extremo la historia se puede apreciar cómo hay "caminos tan seguros" que para algunos suponen un carga insoportable. 

¿Tiene razón Keating en sus planteamientos?, - desde luego en lo poético, solo en parte -; al final todo depende de si cuando todo termine, nosotros estaremos exclusivamente criando malvas o no lo hagamos. En el primer caso, el grito del Carpe Diem es un "sálvese quién pueda" y saquemos todo el meollo a la vida que esto es solo un rato.

¿Era acaso el profesor Keating una mala influencia?

Pero, en caso contrario, la cuestión que queda suspendida en el aire es ¿a qué esas prisas?; ya vendrá la vida verdadera que nuestra obligación es la de construir una vía segura que nos lleve hasta ella a nosotros y a los que nos sigan. ¿No es ese acaso el paradigma de una sociedad tradicional?




El texto REESCRIBIENDO A WHITMAN del que soy autor, lo podéis encontrar en esta dirección web de mis amigos del Grupo Editorial DeFoto quienes me permiten colaborar en su fantástico proyecto de vez en cuando.

Walt Whitman el poeta



Un pequeño homenaje al gran actor, Robbin Williams



martes, 9 de febrero de 2016

La curiosidad

Sin más preámbulos, os presento este breve relato... Curioso, curioso. Espero que os guste. Y para dar una pista, tiene que ver con...


¿Conoces a Joe Black?


Y el título del relato es...

LA CURIOSIDAD



La puerta abierta invitaba a entrar en la habitación. Entré sin demora empujado por esa invitación y la curiosidad. En su interior, la luz diáfana entraba desde la galería que daba al exterior. El viento mecía las cortinas empujando su blancura hasta ocupar el lugar. Al fondo, rodeada de luz, descansaba una mujer desnuda. Su piel dorada parecía dormida de forma plácida mientras yo dudaba entre seguir contemplando la belleza de ese cuerpo tendido o salir de allí como huyendo de mi curiosidad. De repente un pequeño reguero de sangre casi inapreciable en el lado izquierdo y bajo su cuerpo me avisó de que algo no encajaba en el puzle idílico que me hacía en la cabeza.
Me acerqué y puse la mano en el cuello buscando el pulso. Un ritmo lento indicaba que eran, quizá, los últimos estertores de su aliento. El cuerpo estaba frío y la lividez de su cara parecía pedir socorro de forma desesperada. Un calor insoportable se hizo sudor en mi bigote y la tapé con las sábanas de su cama de forma precipitada. Un pequeño gemido salió por su boca. Había llegado a tiempo.
Palpé por debajo en busca del origen del pequeño reguero de sangre. La firmeza juvenil de su piel resultaba tentadora y alcancé el seno que escondía con su cuerpo, bajo él, un pequeño agujero por donde la sangre brotaba lenta, pero inexorable. Busqué con qué taparle, mientras descolgaba el teléfono para pedir con urgencia un médico.
No había evidencias de maltrato ni de haber existido, como era de esperar, relación sexual consentida o forzada, solamente un cuerpo desnudo de una joven mujer a la que había salvado la vida gracias a mi curiosidad. Al llegar los servicios médicos, la recogieron y se la llevaron. La policía me hizo las preguntas de rigor y me fui con la tranquilidad de que no siempre la curiosidad mata al gato.
Pocos días después, del teléfono de mi casa surgió una voz con cierto tono misterioso e imperativo que me invitaba a asistir a una cena benéfica en el Palacio de Buenaventura con la advertencia de que habría una sorpresa muy agradable para mí. Decidí hacerle caso y asistir a la cena. La curiosidad siempre me anima cuando la pereza trata de convencerme de que una copa de vino y un buen libro es la mejor compañía un viernes por la noche.
El palacio lucía esplendoroso bajo la luna, una luna que parecía colgada de un manto negro y opaco, ingrávida y trascendente. En los cristales del segundo piso del palacio reverberaban las luces de la noche mientras las luces de la casa y el sonido surgían de las ventanas del piso bajo. Un trasiego constante de coches entraban por la cancela de hierro forjado del palacio.
El aparcacoches tomó la llave de mi Alfa Spider del 82 y lo sacó de delante de la puerta de la casa. Lo miré irse antes de entrar por la puerta, el color rojo le sentaba bien a este clásico. Me ajusté el nudo de la corbata y entré con la intranquilidad de verme navegando en insospechados mares.
Me recibió en la puerta la misma mujer a la que había salvado recientemente de morir, su cara revivida resultaba del mismo tono que la luna y sus ojos de color verde y grandes ocupaban la conversación y el pensamiento de cualquiera. Unas pecas en la nariz aportaban la candidez infantil a un rostro necesitado de no parecer demasiado inalcanzable.
  • ¿Es usted Johnny?
  • Sí..., ¿cómo sabe...? - No me dejó terminar la frase y se abalanzó sobre mi cuerpo de forma generosa y entregada.
  • ¡Oh, Johnny!, ¿cómo puedo agradecerle esto? - Me miró muy de cerca y sentí un extraño estremecimiento, como si algo hubiera ido mal. Me presentó a un grupo de personas con las que estuve hablando un largo rato.
A media noche, un atento camarero se me acercó por la espalda y me advirtió que me esperaban en la salita azul del segundo piso. Me acompañó hasta la puerta que estaba abierta al modo en que había visto la otra habitación donde tuve que salvar a la misteriosa dueña del Palacio de Buenaventura. Me adentré empujado nuevamente por la curiosidad. Me giré en el interior y la pude ver con su negro vestido de satén y sus enormes ojos verdes esperándome con una copa en la mano y una sonrisa chisposa en el rostro.
  • ¿Puede cerrar la puerta, Johnny? - Le hice caso acto seguido, y ella dejó caer su vestido mostrando su perfecta desnudez. En la ventana lateral, la luna se veía igual de impresionante. Bajo el turgente seno derecho, una pequeña muesca rojiza era el resultado de la herida casi mortal recibida. - Creo que ya sé cómo agradecerle su ayuda.
  • ¡Oh, demonios!... Ya recuerdo qué es lo que marcha mal. - Me contemplé reflejado en el espejo que había tras el escultural cuerpo. Mi traje, mi camisa y mi corbata en tonos negros me había devuelto la memoria. - ¿Se llama Amanda Life?
  • Sí..., ¿no sabía mi nombre?
  • Lo acabo de recordar..., el otro día al salir de la habitación donde usted se encontraba, sufrí un estado de amnesia temporal hasta el mismo momento en que me contemplé en este espejo ahora mismo tras su hermoso cuerpo.
  • ¿Y eso influye en algo?
  • Sí – saqué una pequeña pistola que llevaba en la pernera del pantalón y disparé al cuerpo blanquecino de Amanda Life, ella cayó al suelo rodando y me acerqué para recogerla. Su respiración era entrecortada.
  • ¿Por qué? - En sus hermosos y verdes ojos pude apreciar incredulidad y desengaño.
  • Mi nombre es Johnny Death, y es la segunda vez que le disparo. Este es mi oficio, y bien que lo siento. - Me sorprendió que muriera con una sonrisa dibujada en los labios, quizá pensara que cuando yo ganaba, ella ganaba más todavía. Quizás ahora, Amanda Life, era libre para siempre.
FIN





sábado, 6 de febrero de 2016

Stand by me, cuenta conmigo

Las historias de la adolescencia

La inquietud, el valor y el morbo

Una obra impactante de Stephen King es "El cuerpo", en ella narra - según dicen - una experiencia autobiográfica de cuando era joven, justo en la edad de los doce o trece años en que la juventud llama a las puertas de un niño con ganas de descubrir cosas nuevas como el mero hecho de sentirse libres.


Las vías del tren son el camino elegido por Stephen (se supone que el primero por la izquierda) y sus colegas de la infancia

Un tiempo de experimentos y pruebas, de primeras y torpes experiencias, en las que te sientes mucho mayor de lo que el entorno te reconoce. La historia no está exenta de virtudes como el valor de la amistad, la aventura de los últimos días de un cálido verano cuando una historia morbosa alcanza los oídos infantiles de un grupo de adolescentes del Medio Oeste americano: han encontrado un cadáver en las vías de tren cerca de un río.

No necesitaron demasiado tiempo para acudir en busca del rostro de la muerte acosados y perseguidos por un grupo de cercanos enemigos íntimos del mismo pueblo, algo más mayores que ellos. Una novela muy chula que explica bastante bien de dónde procede el carácter morboso del propio Stephen King y su portentosa y apabullante imaginación.


Sobre esta novela, ya lo podemos suponer, hay una muy buena película, muy recomendable para todos, pero especialmente para esos bichejos que circulan por las casas a la edad de los doce, trece o catorce años. En ella se verán reflejados y comprenderán que no tienen nada de especial - en lo positivo y en lo negativo -, que no son más raros que fueron sus padres a su edad. Una película que habla de camaradería y valentía, dos cosas con las que conviene crecer.

Por cierto, que esta película tiene una excepcional banda sonora con canciones de los cincuenta o sesenta encabezada por la inolvidable canción que da título a la película: Stan By Me. Pero no me voy a quedar con esa magnífica versión sino con la maravillosa Lolipop. Ahí queda eso, camaradas del metal, nada menos que Las Chordettes.


¿A quién no le asaltado la curiosidad morbosa de ver el rostro de un muerto con doce años?

Y para terminar un microrrelato de poco más de cien palabras que trata del sorprendente caso del criminal que mató a la paciencia. ¡Que os guste!

Años de primeras experiencias, normales y disparatadas las de El Cuerpo de Stephen King

LA SORPRENDENTE CONFESIÓN

Señor Comisario, la conocí en lo más oculto de la ciudad cuando un fracaso me condujo a aquellos lúgubres lugares donde nadie espera nada ya de ti, donde las sombras permanecen en la pared un día tras otro, esperando.
Allí estaba ella, con su rostro de porcelana esculpido tras siglos de imperecedera quietud. Su piel tersa y suave, la belleza fría y expectante de sonrisa serena – ni excesiva, ni exagerada –. Su vestido, de seda negra, descansaba sobre su cuerpo haciendo homenaje a la perfección, pues en ella quedaba depositada ingrávida la serenidad y lo eterno.
Creo que Dios mismo se enamoró de ella, dicen los que saben de leyendas.
Me acerqué a ella cuando su irresistible atractivo – pues a su lado todo se alcanza – me obligó a olvidarme de esta ciudad inquieta y amarga. Aprecié el valor de la paz interior, la hermosura de la espera. Al final la maté, Sr. Comisario, porque mi piel se transformaba en porcelana y mi sangre se congelaba...; porque me convertía en gárgola de piedra esculpida en un rincón oculto de la ciudad.
  • ¿Mató, usted, a la virtud de la paciencia?
No pude soportar el tedio, la quietud y la espera; no quise ser de piedra.

Este relato está incluido en la selección de relatos publicados por el Grupo de Foto con el título de las 7 VIRTUDES DE LA HUMANIDAD, libro que podéis adquirir en esta dirección:

Extraordinaria Stand by me, en las aventuras de unos niños que a punto están de llegar demasiado lejos:

Aventuras que les conducen demasiado lejos, quizás.