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lunes, 4 de enero de 2016

Los Cuentos en el cine

La verdadera y espantosa historia de la joven del chubasquero rojo 1º Parte

Caperucita y el lobo

Muchas son las versiones que se han hecho de Caperucita Roja, desde los más edulcorados cuentos para niños hasta las versiones más "gore" que el complicado cuento permite. No en vano, los ingredientes del cuento, los elementos que como denominador común se representan en él, no dejan indiferente a nadie.

Una abuela enferma que vive sola al otro extremo de un bosque, una madre inconsciente que obliga a llevar una cesta de comida a su joven hija en la soledad y penumbra de un bosque transitado por lobos, un lobo astuto y malvado y un cazador o leñador (según versiones) que añade "más leña" al asunto.



No hablaremos de lo que es obvio para todos, pues a nadie se le escapa que si la negligente madre de capeructia no le dejara llevar la cesta a la abuelita solitaria y enferma no tendríamos este cuento extraordinario que ha sido sesudamente estudiado por psiquiatras, psicólogos y psicoanalistas para ver el valor representativo de los elementos que lo configuran.

Ya sabemos que los cuentos para niños no gozan del equilibrio razonable pues ya señalaba Mafalda en una de esas maravillosas tiras de Quino que los niños en los cuentos infantiles no son otra cosa que "Carne de imprenta" pues siempre hay un ogro dispuesto a comérselos sin venir a qué ni a cuento. Aquí ese papel,le corresponde al lobo.

Las dos versiones más conocidas del cuento son la de Charles Perrault y la de los Hermanos Grimm, versiones que difieren sustancialmente. Aunque en su estudio existen fuentes mucho más antiguas pues parece ser una tradicional historia de épocas remotas la que ambos autores recogieron.

Así, en la versión de Perrault el final carece del salvador cazador y concluye con la moraleja de las inocentes jóvenes que se acercan a los lobos (hombres en realidad) con sus adulaciones pues acabarán como la niña del cuento. En el caso de los hermanos Grimm, el final feliz permite leer dos versiones diferentes. En la primera, Caperucita es rescatada del vientre del lobo y sustituida por piedras tras la hazaña del cazador y, en la segunda, la abuela y la propia Caperucita, introducen al lobo en un caldero de aceite hirviendo para rescatar a la incauta niña.


De las versiones actuales destacamos la película Red Riding Hood interpretada por Amanda Seifield no solo por esta interpretación sino por la espectacularidad del film que se ve apoyado por unos efectos especiales extraordinarios dentro de una adaptación de la versión de los Grimm bastante entretenida, por cierto.

Mi extravagante versión del cuento es una historia que comienza así...


LA VERDADERA Y ESPANTOSA HISTORIA DE LA JOVEN DEL CHUBASQUERO ROJO
- PRIMERA PARTE-
Trinity Red Wendy vivía en un chalé adosado a la casa de su abuela en la colonia Fairview de la ciudad de Shadowlands. Su madre, la congresista Stephanie Seraton conservaba el apellido de soltera pues su marido – el magnate de los medios de comunicación, Tim Hunter - se había ido a vivir a la colonia The Wood unos kilómetros al sur dentro de la propia ciudad de Shadowlands con su secretaria, la bellísima Alondra Wolf.
Trinity estudiaba el primer curso en la Cartoon and Stories High School de la ciudad de Shadowlands, Todas las mañanas, su ocupadísima madre encargaba a la abuela de la niña que le hiciera la comida del instituto, pues ella tenía que madrugar demasiado para llegar al Congreso y debatir las Resoluciones y Propuestas que allí trataban con la sana intención de mejorar la situación económica del país. Resultaba evidente que, tanto Trinity como su anciana abuela, Angelina Seraton, estaban muy desatendidas por su madre y su hija, respectiva y simultáneamente.
Las casas eran unas preciosas viviendas de estilo victoriano con un enorme jardín que compartían. Ambas disfrutaban de su compañía en ese jardín, pero la situación con Stephanie estaba llegando a resultar insoportable. Trinity escapaba casi todos los días, tras la escuela, a casa de su padre, el señor Hunter; bajaba del autobús al llegar a las estribaciones de la Colonia The Wood y caminaba un largo rato hasta llegar a casa de Tim y Alondra. Al anochecer, Hunter le llevaba a su casa donde la abuela le esperaba y, ambas, aguardaban a que su madre e hija – simultánea y respectivamente – llegaran hacia la medianoche de regreso a casa.


Cierto día que llovía intensamente Trintiy descendió las escaleras del autobús cubriéndose con su chubasquero rojo con capucha mientras el conductor del autobús le trataba de disuadir de que no hiciera esa caminata sola. Saludó con una enorme sonrisa de marfil y se dirigió, sin hacer caso pero sin desprecio alguno, hacia la casa de su padre bajo la intensa lluvia que cubría de un telón transparente y oscuro los misterios de la ciudad, un manto de lluvia que la ocultaba a los ojos de cualquier viandante.
Alcanzó la puerta del enorme palacio de su padre y la golpeó con tres sonoros toques de nudillo, el timbre no funcionaba. Alondra abrió presurosa sin llegar a comprender el porqué de la visita de la chica cuando la lluvia era tan intensa. Trinity estornudaba una y otra vez sin poder completar una sola frase, el chubasquero se había roto al rozar con la pared de una casa dividiendo en dos partes su cuerpo: el lado izquierdo a medio cubrir y el lado derecho casi descubierto. Trinity estaba empapada.
Alondra la abrazó con mimo y le dio ropa para que se cambiara. Trinity se miró en el espejo con las ropas negras de Alondra y se vio radiante. Una minifalda de cuero y unas medias tupidas negras, unidas a un suéter ajustado que remarcaba su juvenil cuerpazo le habían transformado en una mujer a sus propios ojos. Sin embargo, seguía estornudando y Alondra le puso el termómetro junto a un ponche hecho a base de licor y chocolate caliente que acompañó con una aspirina.
El termómetro no engañaba, la temperatura alcanzaba la cuarentena y decidió Alondra que Trinity fuera a recuperarse a la cama si quiera de forma temporal y parcialmente; en tanto Tim, su padre, continuaba peleando con el infernal tráfico de una ciudad que enloquecía con las primeras gotas de lluvia. Entre las sábanas blancas de la cama de Alondra y de Tim, Trinity sudaba y sufría delirios fruto de la altísima fiebre que padecía. Soñaba que era amamantada por una loba, protegida por un cazador y alejada de las frías garras de la alcaldesa de un pueblo medieval. Tan pronto gritaba ininteligibles barbaridades como caía redonda sin conocimiento entre las sábanas de seda de su padre.


Alondra se desvivía por sus cuidados hasta que, al llegar Tim, le puso al corriente y corriendo llamaron a Stephanie. Stephanie estaba tan ocupada que apenas reenvió la llamada a su madre, la abuela de la niña, Angelina. La buena anciana, preocupada por la situación, intentó localizar a su hija nuevamente y le puso al corriente, no sin intentarlo hasta cinco veces antes de que le cogiera la llamada, visiblemente molesta por la interrupción.
A Stephanie no le gustó en absoluto la idea de que durmiera su hija en casa de Wolf y Hunter, más por Wolf que por Hunter en verdad. Rápidamente puso rumbo a casa en su inmenso todoterreno y decidió, de forma precipitada, ir en busca de su hija para traerla de regreso a casa, al precio que fuera. Introdujo una serie de medicamentos en la bolsa, algo de comida rápida y un cuchillo con el que estaba dispuesta a asestar una puñalada a la Wolf robamaridos si fuera preciso y la ocasión lo propiciaba.


La abuela trataba de sosegarla y hacerle ver que, si apenas había cuidado de su hija hasta la fecha, en vano era el intento de hacer ver ante su ex y su nueva mujer que se preocupaba por ella. Stephanie le miraba fijamente mientras le recordaba que no era una cuestión de cariño, afecto o amor. Se trataba, simplemente, de que jamás había perdido nada que fuera suyo, aún menos con Tim. Y Trinity lo era, sola y exclusivamente, suya.

CONTINUARÁ

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