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martes, 16 de febrero de 2016

Tradición

El club de los poetas muertos

Reescribiendo a Whitman

Pocas películas han servido para un largo y acalorado debate como la protagonizada por Robbin Williams, como actor mas destacado dentro de un elenco de - entonces - prometedores actores en "El Club de los Poetas Muertos".

El Club de los Poetas Muertas era un grupo de chicos que querían extraer todo el meollo de la vida


El argumento de la película de forma sintetizada es el efecto que produce en un centro educativo de corte tradicional en la mitad del Siglo XX, la llegada de profesor Keating. Un profesor en apariencia respetuoso con esos valores de larga tradición  convencional del centro, pero que lleva consigo una revolución muy particular encarnada en la tópico del Carpe Diem - Vive el momento -,

Todo, a pesar de ser un antiguo alumno de la Academia Wellton, pues él mismo había pertenecido a una sociedad a la que llamaban El Club de los Poetas Muertos cuyo objetivo no era otro que el de una cierta aspiración libertaria de corte estético y esencial. Un lugar en el cual él vivió de forma intensa los principios del Carpe Diem con una verborrea (poética) que brotaba como la savia de un árbol herido.

La Academia Wellton tenía unos sólidos pilares, el principal era la Tradición

A lo largo de la película, el gran director Peter Weir, nos confunde sobre el verdadero aprendiz del profesor Keating pues toda la trama parece centrarse en Neil (Robert Sean Leonard) mientras en el fondo se dibuja el trauma del carácter temeroso de Todd Anderson (Etham Hawke). Y ambos aparecen como el reflejo de las enseñanzas del profesor, la negativa de un Neil que sueña con ser actor y se ve frustrado por el empeño de un padre que no concibe otro mundo para su hijo que el del trabajo y el esfuerzo, siguiendo su ejemplo. Otra vez la tradición como entrega del ejemplo de un padre a un hijo..

Aquí llega el conflicto que muestra la película pues la tradición que es un pilar del centro supone un conflicto irresoluble en la persona del soñador Neil. Así el profesor Keating acabará siendo responsable a los ojos de la Academia de esa frustración que acabará con la tragedia del suicidio del joven Neil. Algo manifiestamente injusto, aunque no se puede dudar de que el profesor y su vitalista filosofía jugaba en un tablero donde no controlaba todas las piezas del juego, resultando la víctima de propiciación o el chivo expiatorio de la tragedia.

Keating les enseñaba a mirar las cosas desde otra perspectiva

El reflejo positivo es el trabajo que hace el profesor para sacar de su tormento interior al bueno de Todd, el cual acaba por ser quien - sin el histrionismo de Neil - acabe comprendiendo las enseñanzas de Keating, algo que demuestra en un acto de reconocimiento público con el empleo de los versos de Walt Whitman inspirados en Abraham Lincoln: "Oh Capitán, mi Capitán" sobre su pupitre y viendo las cosas desde otra perspectiva, superando su personal complejo y venciendo los muros invisibles (la tradicional amenaza, vamos) que la sociedad tradicional imponía a los alumnos de la Academia Wellton de Vernon.

Una gran película, vitalista y trágica, con una preciosa fotografía y una mejor interpretación que explica el conflicto de dos sociedades que chocan, la que defiende la tradición y la que defiende la libertad, el libre pensamiento, etc.

¿Acaso alguien tiene hilo directo con Dios?, se preguntaba Nuwanda

Quizás exagere en la presión que ejercen las estructuras tradicionales, pero es que sin tragedia, esta película sería menos interesante; sólo llevando hasta el extremo la historia se puede apreciar cómo hay "caminos tan seguros" que para algunos suponen un carga insoportable. 

¿Tiene razón Keating en sus planteamientos?, - desde luego en lo poético, solo en parte -; al final todo depende de si cuando todo termine, nosotros estaremos exclusivamente criando malvas o no lo hagamos. En el primer caso, el grito del Carpe Diem es un "sálvese quién pueda" y saquemos todo el meollo a la vida que esto es solo un rato.

¿Era acaso el profesor Keating una mala influencia?

Pero, en caso contrario, la cuestión que queda suspendida en el aire es ¿a qué esas prisas?; ya vendrá la vida verdadera que nuestra obligación es la de construir una vía segura que nos lleve hasta ella a nosotros y a los que nos sigan. ¿No es ese acaso el paradigma de una sociedad tradicional?




El texto REESCRIBIENDO A WHITMAN del que soy autor, lo podéis encontrar en esta dirección web de mis amigos del Grupo Editorial DeFoto quienes me permiten colaborar en su fantástico proyecto de vez en cuando.

Walt Whitman el poeta



Un pequeño homenaje al gran actor, Robbin Williams



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