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viernes, 11 de marzo de 2016

El Rey Pescador

Relato de un Pordiosero

Vida y Parasíntesis

Dentro de las muchas lecciones que te da la vida, siempre hay alguien dispuesto a ejercer de enseñante, profesor o maestro de estas cosas, he aprendido lo que significaba "parasíntesis". Una palabreja que es toda una ciencia del conocimiento que encierra el lenguaje pues dice la RAE que tal cosa es: "el proceso de la formación de las palabras en el que interviene, a la vez, la composición y la derivación (o al prefijación y sufijación, según que sea este el objeto del análisis de las palabras)".


El Rey Pesacdor, imagen de Robbin Wiliams y su Pinocho

O sea, que cuando una palabra se forma por unión de distintos lexemas a los que se añaden las desinencias derivativas correspondientes, tenemos una palabra "parasintética". Y, como toda lección no queda completa sin los ejemplos, que actúan a modo de demostrar que se ha adquirido el aprendizaje significativo y que se sabe aplicar el concepto aprendido, pondremos dos: "picapedrero" compuesto por el verbo picar y el sustantivo piedra, una vez derivado, obtenemos aquella persona que se dedica a picar piedra.

Otro ejemplo, este no hay duda que es muy chulo (pa chulo él), se trata de pordiosero que describe a aquella persona que pide limosna y, cuyo concepto, está hoy muy denostado pero que, en origen, estaba ligado a un acto de magno objetivo, pues de sus dos palabras compuestas ("por" y "Dios") se deduce que pedía limosna pues renunciaba a todo lo que el mundo le ofrecía en servicio de la divinidad, es decir: pedía limosna por Dios.

Jeff Bridges en su caída curará al Rey Pescador, el pordiosero Robbin Williams, ¿o es al revés?

Pues toda esta introducción para recordar que todo el mundo puede pasar de las más altas cumbres, a transitar los valles más profundos. Y eso debido a unas fuertes convicciones - como se puede ver en la definición dada - como al empeño de los que te empujan valle abajo - también tendrán fuertes convicciones para hacer tal cosa, digo yo (espurias pero fuertes) -. Que a la natural bondad del hombre, conviene añadir la consustancial maldad del mismo ser.¿no es así?, yo pienso que sí.., que somos capaces de hacer el bien más excelso también lo somos de cometer el crimen más abyecto, solo bastan las circunstancias adecuadas.

Y eso es de lo que trata la extraordinaria película "El Rey Pescador", de un trepidante "up and down" donde el bueno de Robbin Williams interpreta a un enloquecido pordiosero que acaba viviendo en la "parte más oscura de la ciudad por desear cosas que tan solo se pueden desear allí" (Darkness on the Edge of Town by Bruce Springsteen). En este caso, resulta que un sanguinario y enloquecido tipo mata a su esposa mientras él está cenando felizmente en una cafetería neoyorquina.

¿Y qué es la belleza? se preguntará Jeff al ver a la Dulcinea de este particular Don Quijote

Esa circunstancia que se desentraña en la película viene como consecuencia de un Jeff Bridges -locutor de éxito - que le acaba conociendo tras el más sonoro fracaso obtenido; y se junta con él en medio de una enloquecida búsqueda del Santo Grial a lomos del Caballo de la Locura más excelsa entre las ilusiones de un Don Quijote yanki y las leyendas Artúricas del más mítico medioevo.

Allí, en los bajos fondos de la ciudad de Nueva York, se encontrará con Mercedes Ruehl que, en un papel memorable, lo recuperará para la vida desde el fondo oculto de un videoclub de barrio bajo. Así, el bueno de Jeff, regresará arriba a ser - de nuevo - un exitoso locutor de radio que no olvidará que en los bajos fondos de la ciudad conoció la humildad, la amistad, el amor, la locura y la vida de manos de Robbin Williams y Mercedes Ruehl (Oscar de reparto femenino).

Mercedes Ruehl, Oscar de reparto femenino actuación muy convincente de esta gran actriz casi olvidada
Y mi relato, es otro "up and down". Un relato de un pordiosero que aquí comienza y cuya enseñanza, maestría o moraleja es la de aquel viejo dicho castellano que aparece en el osario de Wamba al lado de más de 3000 calaveras de monjes acumuladas junto a una lápida inscrita que dice: "Como te ves, yo me ví. Como me ves, te verás. Todo acaba en esto aquí. Piénsalo y no pecarás." ¿Se pillará la parasíntesis?


EL PORDIOSERO

Lino era un hombre locuaz, pero cuando tocaba el momento del trabajo decía solo las justas palabras que sirvieran en cada caso. Todas las mañanas se ponía sobre su cartón en el suelo al lado de la puerta de la iglesia. Tras duros años de trabajarse la calle, había conseguido expulsar de su entorno a todos los aspirantes a ese puesto; el de la mejor plaza de toda la ciudad, tal y como él decía.
Teodoro, su mentor en esto de las andanzas callejeras con el que compartió puerta hasta que las nieves de un invierno dieron con sus huesos en la calle y el frío le hubo helado la barba y el corazón, siempre le explicaba que esto de pedir era una carrera con máster en la vida, una especialidad en psicología social. Y él sabía de qué hablaba porque – aunque lo callaba – tenía título y había ejercido alguna profesión importante..., no me digas cuál, que no lo sé.
Y es que Teodoro no era cualquiera en esto de la mendicidad, él se había hecho un nombre..., y sus enseñanzas fueron a caer en Lino sólo porque le hacía reír.
Por eso, cada día le explicaba el modo de sacar alguna “perrilla” de las almas caritativas que frecuentaban la plaza. Tenía un discurso preparado y todo:
“A veces, has de parecer un alma cándida incapaz de matar una mosca aunque se pose sobre tu propia nariz; otras, el gesto amenazador de tu rostro, debe invitar a los transeúntes a escapar dejando en tu caja de metal sus monedas. Pronto aprenderás cuándo y con quién has de aparentar ser una cándida paloma y cuándo un fiero león. Por último, tienes que reconocer entre aquellos que vienen y van, quién no deja nada porque vive con menos dinero que tú y que yo en casas honradas. Ellos tienen que verte y saber que existes, porque les recordamos adonde no quieren llegar...; y recuerda – no lo olvides nunca - que no es cosa de tener más competencia en las calles, Lino”
Lino, sin embargo, estaba preocupado porque la crisis había atraído a mucha gente de fuera, y éstos no aceptaban las reglas del juego con facilidad, bien por desconocimiento, bien por desesperación. Por eso, llegaba ahora, media hora antes de lo que habitualmente hacía y practicaba su ritual de todos los días, se manchaba la cara suavemente con un betún claro – truco que Teodoro le había enseñado - y se sentaba sobre los cartones secos. Para concluir, acercaba la lata de las monedas y apagaba sus pensamientos hasta la hora de la misa.
Minutos antes de comenzar, saludaba educadamente al párroco que pasaba con ese rostro, entre concentrado y despistado, con paso raudo y sin detenerse un instante donde él estaba. Después, esperaba a las primeras personas que entraban en lo que quedaba del antiguo convento para cumplir con su ordenada conciencia.
Una conciencia que les exigía, a la mayoría, acallarla con unas monedas en eso que llaman limosna. Si bien, él sabía que esto de la limosna era una cosa de otros tiempos, también sabía que aún quedaba algo del gusto por lo tradicional cuando se miraba a un futuro juicio más allá del umbral de la vida. Y a esos pensamientos fiaba él su “profesión”. Bien sabía, Lino, que la mano se ponía hacia la Iglesia; pues el mundo, ufano como era y comprensivo como presumía cuando hablaba de mendigos, dejaba pocas monedas en su lata.
El sol de mayo lucía vigoroso, mientras el crepitar de las cigüeñas sobre el campanario avisaba de su matinal vuelo. Las aves adultas volaban en busca del alimento que la naturaleza regala con las primeras térmicas. Sin esos cálidos aires, apenas habría vida en el campanario. Lo mismo, las manos calientes de los fieles que venían a adorar a un crucificado. Sin ellos, Lino perdería el alimento diario.
Benditos seres...,yo casi no recuerdo cuando era uno de ellos y pasaba al lado de uno como yo sin mirarle apenas, bah.” - Pensaba mientras atiplaba un extraño soniquete en su voz al paso de una mujer reposada y cándida, bien vestida y sencilla. - “¡Una monedita, por favor, mis piernas no responden y no tengo qué llevarme a la boca si usted, alma buena, no me entrega una moneda!”
El <<clin>> de la primera moneda que caía sobre la lata dibujaba una sonrisa de triunfo que no mostraba y, entonces, Lino bendecía a la persona que pasaba con su particular parasíntesis: “¡Dios se lo devuelva y acreciente, señora. Dios se lo devuelva!”

FIN
Osario de Wamba, las calaveras nos dices: "como te ves, yo me vi...
Jeje, ¡Coño, qué negro es nuestro destino!
Pasadlo bien que es fin de semana, es un consejo de la calavera de la derecha de arriba, sí esa que nos mira como sonriendo la muy hija de ****
Espero que os haya gustado, otro día hablamos de metáfora, metonimia y así - que diría Don Paco Umbral, en paz descanse, que él ya está como los de Wamba recordándome que esto es así: Unos años arriba, otros años bajando. ¿Cuándo toca subir?

martes, 8 de marzo de 2016

Va Pensiero

Nabucco, una ópera popular

El creador y la intérprete

Pocas cosas resultan tan emotivas y espectaculares como el "Coro de los esclavos Hebreos" del tercer acto del Nabucco de Verdi. Pocas han tenido un valor simbólico semejante y pocas han dejado tanta huella en la biografía de un autor. Esta emotiva y épica canción, este himno, es conocido por el modo en que comienza, como el "Va Pensiero" (Ve pensamiento).



La obra de Nabucco narra el momento histórico de la caída de Jerusalén y la destrucción del primer Templo de Jerusalén por el Rey Babilonio y adorador de Baal, Nabuccodonosor, así como el posterior cautiverio del pueblo de Judá en la propia Babilonia de los Jardines Colgantes. El coro al que nos referimos hace referencia a la melancólica sensación del pueblo Judío por la distancia y abandono de su patria en el destierro obligatorio y cautiverio al que se ve sometido: un himno lento, emotivo y potente, cantado desde el fondo del alma a consecuencia del sentimiento de abandono por la patria perdida, (Patria bella, pero perdida), un himno que concluye pidiendo alcanzar la virtud, al menos, como producto del sufrimiento por su ausencia.

Evidentemente la obra de Verdi está inspirada en el pasaje bíblico de Daniel en el que Nabucco es tenido como aquel que conquista Judea, pasa siete años viviendo en el bosque como un animal y aquel que detruye el Templo de Jerusalén. Mientras que en los textos babilónicos del adorador de Baal resulta ser un héroe, un gran conquistador que ama a su pueblo y, en cuyas crónicas, no se recoge el castigo divino de vivir en los bosques como tal animal. Es cierto que el texto de Daniel es un texto muy posterior a los hechos sucedidos, pero recogerán desde luego lo que el personaje les inspira a la vista de que es un enemigo que los aplasta. En Verdi (pasa como en su Ópera Don Carlo) no importa la verdad histórica sino el sentimiento que produce su hermosísma música.



En la historia de Verdi, supone su primer gran éxito tras la muerte de sus dos hijas y su propia mujer; y, según dice, no estaba muy conforme con el proyecto al que se sumó amargamente, supongo que tras la desgraciada fortuna que se le hizo aciaga. Sin embargo, la obra, iba a suponer un gran éxito popular pues esta ópera iba a ser un catalizador de los sentimientos nacionalistas de los propios italianos, un elemento aglutinador al sentir la desposesión de la propia patria fragmentada en una obra que coadyuvaría a elevar el sentimiento patriótico de una tierra que nunca había constituido una nación unida hasta poco después.

Así el coro iba a ser tratado como una especie de himno que los italianos cantaban con el espíritu de reunificación de una patria que veían perdida, y el propio Verdi iba a ser empleado como un instrumento de dicha unificación. De hecho Verdi sería empleado como un acróstico por el pueblo en la reunificación italiana con el grito de ¡Viva Verdi!; que venía a significar, ¡Viva Victorio Enmanuel Rey de Italia!.



Una copia de este acrónimo sería el empleado por los monárquicos españoles en la Restauración del siglo XIX con el color VERDE, o sea, Viva El Rey De España. Pero este es otro tema, interesante tambien, pero otro tema.

Esta ópera de dificultad evidente para su soprano, la que interpreta el papel de Abigail, traería de cabeza a muchas grandes estrellas, pero el público italiano, a pesar de impedir que se representara por no estar la interpretación a la altura, jamás provocó que se suspendiera la misma pues querían escuchar y cantar el famoso Va Pensiero. Un Coro que tradicionalmente hace bises en su interpretación (se interpreta por duplicado dentro de la obra).

Os dejo la hermosa letra de exaltación patriótica de dicho coro y el vídeo (mejor, subtitulado en italiano).



En italiano
Va, pensiero, sull'ali dorate;
va, ti posa sui clivi, sui colli,
ove olezzano tepide e molli
l'aure dolci del suolo natal!
Del Giordano le rive saluta,
di Sionne le torri atterrate...
Oh mia patria sì bella e perduta!
Oh membranza sì cara e fatal!
Arpa d'or dei fatidici vati,
perché muta dal salice pendi?
Le memorie nel petto raccendi,
ci favella del tempo che fu!'
O simile di Solima2 ai fati
traggi un suono di crudo lamento,
o t'ispiri il Signore un concento
che ne infonda al patire virtù.
che ne infonda al patire virtù
che ne infonda al patire virtù
al patire virtù!.

En español
¡Ve pensamiento, con alas doradas,
pósate en las praderas y en las cimas
donde exhala su suave fragancia
el dulce aire de la tierra natal!
¡Saluda las orillas del Jordán
y las destruidas torres de Sion!
¡Oh, mi patria, tan bella y perdida!
¡Oh recuerdo tan querido y fatal!
Arpa de oro de fatídicos hados,
¿por qué cuelgas muda del sauce?
Revive en nuestros pechos el recuerdo,
¡Que hable del tiempo que fue!
Al igual que el destino de Sólima
Traes un sonido de crudo lamento
que te inspire el Señor una melodía,
que, al padecer, infunda virtud,
que, al padecer, infunda virtud,
que, al padecer, infunda virtud,
al padecer, virtud!.

Para terminar. Un sencillo micro de homenaje a la música, sin ofender a nadie, que existen grandes intérpretes y malos creadores, tb.



EL CREADOR Y EL INTÉRPRETE

Al fondo de la sala abarrotada de público, la arrogante intérprete tocaba al piano una obra sencilla de un creador. Quería hacer de la obra la mejor de todas las interpretaciones jamás oída. Cada golpe en la tecla era un pulso de eternidad tocada con la delicadeza esponjosa de un gran cirujano de sutil perfección en su labor profesional; las notas volaban con armonía y ambición de forma que dibujaba formas sinuosas y estéticas perceptibles para el ojo humano.

En el público se dejaba sentir la emoción que la música producía, leves gemidos de aprobación eran seguidos de la predisposición a seguir escuchando; parecía que la piel se erizaba en cada uno de los allí presentes en tanto que las sonrisas crecían al ritmo de la emoción trasmitida por la intérprete.

Una ovación unánime se rindió ante ella al terminar la interpretación, solo una voz sutil protestó:

“No es así. No es así... La música es la protagonista, no usted.”

¿Y usted es?”, preguntó con gesto displicente la portentosa intérprete.

“El creador”.

lunes, 7 de marzo de 2016

La Tapadera

El tópico de las narraciones obre la mafia

Las reglas no escritas

La película The Firm - La Firma -, traducida en España, creo que de forma más acertada, como La Tapadera es una película de suspense y acción basada en el Best Seller de John Grissam de idéntico nombre, quizás una de sus mejores adaptaciones, interpretada por Tom Cruise (Nunca ha ganado un Oscar aunque ha recibido tres Globos de Oro, quizás su mejor interpretación fue la de Nacido el 4 de Julio por la que - en mi opinión - lo merecía), Ed Harris (candidato a los Oscar en cuatro ocasiones), Gene Hackman (Oscar merecidísmo en The French Conexion), Jeanne TripleHorne y - la excepcional - Holly Hunter (memorable interpretación en El Piano que le valió tb. para un Oscar). Dirigida por el gran director Sydney Pollack, (también oscarizado por Memorias de África y Nominado hasta en seis ocasiones como Mejor Película o Mejor Director).




Como película que adapta a una novela de éxito es una buena película sin llegar a ser una obra maestra pero que con un reparto excepcional y un ritmo trepidante es capaz de mantener la tensión hasta el final de la misma con grandes secuencias de persecuciones, secuencias entrelazadas con escenas en varios lugares, etc. La solvencia de Pollack se puede apreciar en todos los aspectos de la película y la categoría de los actores se deja sentir más que de sobra. Tiene, en mi opinión el pero de que le falta el alma que el gran director no ha puesto en esta película, quizás porque no sea necesaria para la trama pero que en otras ocasiones se percibe y llega perfectamente.

Tiene, desde luego, una gran virtud y es describir perfectamente la sensación de ahogo del protagonista cuando se da cuenta de que la gran firma de abogados de Memphis que le acaba de contratar no es más que una tapadera fraudulenta, un grupo mafioso que emplea la firma de estos abogados para evadir impuestos y para la realización de negocios fraudulentos.


En esta obra se percibe perfectamente los tres clásicos elementos del tópico mafioso como son: la corrupción económica, la ética del respeto a sus reglas internas y la "omertá" o ley del silencio impuesta por la organización como escudo protector del negocio fraudulento y que siempre tiene consecuencias nefastas en el caso de incumplirse.

Esta ética de comportamiento es un tópico que recoge la narrativa y el cine basándose en la realidad palmaria de ese comportamiento mafioso y es curioso como la aplicación de esos tres elementos aparecen en el film como tres escalones de un pozo oscuro que parece no tener salida. Solo la determinación del protagonista y la ayuda inestimable de la excepcional Holly Hunter con el gancho de la guapísima esposa de Cruisse: Jeanne Triplehorne que enamora al carismático Gene Hackman logrará darle una salida acertada a la trama, eso sí, bajo promesa de callar definitivamente la trama descubierta.



Es la mayor virtud de la película, el modo en que describe los tres elementos propios y la narración de la angustia de Cruise al encontrarse encerrado en un mundo de silencio, respeto mal entendido y fraude. Un pozo de silencio amargo que, aparentemente brilla con sus grandes mansiones, automóviles de lujo, grandes alabanzas y sus fiestas de excepcional puesta en escena. Un lujo que esconde, a modo de tapadera, el fraude y el delito que alcanza el asesinato cuando alguien incumple las reglas básicas, ya sea la falta de "respeto" (entrecomillado), ya sea hablar como un "loro" o como un "boquerón".

Como corolario de esta entrada os propongo dos microrrelatos de idéntica temátíca, sobre las amargas razones que obligaron a algunos a irse de España al comienzo de una crisis económica que hoy parece que empezamos a superar (que así sea).
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Los títulos de las obras son el mismo;



ME FUI

ME FUI – Me fui, eso es. Tomé sobre mi hombro mis escasas pertenencias: dos trajes de corbata, la pena de mi tierra que es incapaz de entregarme lo necesario y la alegría de aquellos amigos que, como yo, soñamos con regresar alguna vez. El destino, ¿quién lo sabe? El plazo, ¿lo desconozco? No me importa reconocer que me gusta, sin embargo, que vuelvan a cobrar sentido palabras como tierra o familia en la distancia.

Y ME FUI - Es duro ver cómo se marchitan los campos en este estío, crisis que nos hace regresar en el tiempo. Es triste verte en el espejo y reconocerte en aquellos que tuvieron que ir a tierras ajenas sin trabajo. Más triste todavía fue ver, en la estación, que los trenes retroceden como aves alojando en su vientre el mismo dolor de antaño. Más triste observar que solo un perro de ojos tristes me despide en el andén



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miércoles, 2 de marzo de 2016

La sinfonía de la vida en diez movimientos

La Séptima Sinfonía de Beethoven
Interpretada por Von Karajan

Ante la petición de varias personas, que quieren tener el Relato de la Sinfonía en diez movimientos en una sola entrada, atiendo a esa petición y lo pongo sin hacer mención a nada más que al "exitoso" relato.

Imagen procendente de un video de la página Play Stock

LA SINFONÍA DE LA VIDA EN DIEZ MOVIMIENTOS



Introito: la conocí un día cualquiera, no recuerdo la fecha exacta ni el día de la semana. Si lo supiera, ella, seguro me lo hubiera echado en cara pues no le gustaba señalar las fechas de las cosas. De modo que olvido y recuerdo los momentos y no me arrepiento de haberla conocido, pues como vino se fue, ¡tantas veces!. Tal como llegó, la vi marcharse... una y otra vez.... como la lluvia intensa de un día de primavera... Intensa y refrescante, así fue, así es. Me queda el recuerdo de estos diez momentos. Unos recuerdos que se quedaron dormidos bajo mi piel como el calor de los primeros rayos de luz de un día de verano. Una Sinfonía que creció de cuatro a diez movimientos.

Primer movimiento: “el metro de Madrid en hora punta es insufrible, las colas que se forman te conducen de un lugar a otro sin que tengas control preciso en cada pisada, los carteles te dirigen de una muchedumbre a otra y se mezclan los olores intensos y ruidosos, el metal con el pan; las burbujas de una coca cola, con los tacones repiqueteantes de una mujer que se arregla para ir a trabajar. En la esquina esa mujer utiliza la cámara del móvil para acabar de pintarse los labios.
Subí por la escalera mecánica en dirección a la Línea Siete, iba bien de tiempo y decidí no caminar y dejarme llevar por la cadena fija de la fila lenta de la escalera. Ella bajó por la otra y levanté, a su paso, la mirada sin querer. La vi con la sonrisa inquieta e inocente, pegaba tan poco en el paisaje matinal de esta ciudad que me detuve al llegar a la planta superior y la seguí... De repente, mi trabajo dejó de interesarme y la hora se hizo irrelevante.
Al doblar la esquina en dirección a una salida me tropecé con ella, se giró y me besó.”

Segundo movimiento: “las sábanas huelen a su perfume y la ausencia de su cuerpo produce la añoranza del primer encuentro, el olor del metro y ese tropezón fueron el comienzo de una sinfonía. No sé por qué me besó y creo que ella tampoco... Todavía no sé su nombre pero ya he podido saborear su aroma intenso y la suavidad de su piel de porcelana. Ni una sola palabra hemos cruzado y ya la he perdido, quizás fuera porque me dormí después de la mezcla de amor y desenfreno. Tengo que volver a verla pues no sé siquiera su nombre.
La ciudad se mueve al compás de una batuta que ignora los secretos de la vida, apenas los intuyo pero sé que algo marcha fuera de compás. Es vertiginoso mirar desde la ventana el deambular de la gente que se dirige o vuelve de sus trabajos, los coches de reparto y la precisión de los autobuses que expulsan viajeros... lo mismo que los recogen de las paradas como un deglutir espasmódico. Falta un buen director que ayude a percibir los sentimientos de vacío y enfado que produce la ciudad. Para mí, todo ruido es exterior desde ese beso, desde el roce de su cuerpo. Ni una palabra nos dijimos, sólo que dos miradas que se cruzan y un romance que se confunde con la piel... Y no volveré a verla nunca más. Ella es un momento que se me regala... Un momento que se va sin más motivo; como ella vino... se fue.”


Tercer movimiento: “la estación de metro no tiene ya secretos para mí, subo y bajo por el mismo lugar donde la vi - tantas veces al día en busca del encuentro fortuito - el chillido de los raíles de la escalera 68 resulta un compás gracioso, como el ritmo que marca el devenir de la gente... Ahora se queda vacío el pasillo, sonará el chillido cinco veces, y regresará la muchedumbre a pasar por donde espero para verla otra vez. El torpe violinista de origen rumano repite una y otra vez la misma melodía y, si al principio prestaba atención a los errores, ya dejé de intentar saber si tocaba algo realmente o era una música de algún podcast descargado lo que sonaba.
Sucedió algo gracioso a las siete y cuarto de la tarde. Un gato negruzco, o pardo, apareció de repente entre los pies de la gente. Eso hizo tropezar a una mujer que dejó caer su bolsa de Mercadona haciendo rodar las manzanas por todo el pasillo; un caballero trajeado de bigote engominado quiso ayudarla y chocaron sus cabezas, él se hizo una brecha mientras la anciana apenas sintió nada. Tuvieron que llamar al 112, que le atendió de urgencias; con una pequeña cura, unos puntos y a correr nuevamente los pasillos eternos de la estación de Metro. Mientras tanto, yo seguí en mi sitio... buscando otro encuentro fortuito menos doloroso.”

Cuarto movimiento: “Siempre que bajo la escalera 68, pienso en ella. El ritmo establecido por el chillido de la escalera me recuerda nuestro encuentro fortuito, los labios y su piel desnuda. Hoy, sin embargo, he decidido no esperar ni un minuto más, continuaré hacia el trabajo y, de regreso, hacia casa sin detenerme un instante en el pasillo.
Ha pasado a mi lado el hombre del bigote engominado con un vendaje en la cabeza, se ha cruzado con la anciana de la bolsa de Mercadona y ha girado dando un rodeo enorme para evitar que le viera. Creo que considera que le trae mala suerte... y algo de razón tendrá porque cuando ella levantó la mano para saludarlo, el hombre ha tropezado nuevamente y se ha dado un buen golpe con el puesto de pan y pasteles. No ha pasado nada. He girado la esquina y me he tropezado otra vez con ella, su sonrisa quedó a mi altura y nos besamos nuevamente sin mediar palabra. Su ondulada y pelirroja cabellera, su piel de plata y sus labios dulces me hicieron olvidar que existen las palabras.”

Quinto Movimiento: “El sol me despierta nuevamente y se ha vuelto a ir sin avisarme. Me siento extraño, querido y despreciado. El ruido estridente de los coches me recuerda que es sábado, pues la sinfonía del día varía según el momento de la semana. Ya no sé si estuve nuevamente con ella o fue un sueño su presencia. Me preparo un café, y descorro las cortinas... Pienso en ella nuevamente como un solo de piano en medio de la nada..., la orquesta se apaga cuando ella aparece, el metal está en el metro con el torpe trombón de la mujer de la bolsa de Mercadona y los redobles son los coches. Pero siento que faltan los violines..., esta sinfonía exige menos pasión desenfrenada y un rato de conversación a la luz de una vela.
El solo de piano, pelirrojo, aparece sorprendente y sin nombre. Soy, al final, el director de orquesta, una batuta que es movida por la sinfonía y no domino ya mi vida. Empiezo a desesperarme, tengo que verla de nuevo y detenerla un instante antes de que su escala me conduzca a los lugares desconocidos de la aurora y el ocaso simultáneo. Debo imponer un orden porque me gusta, pero me hacer sentir vacío en su ausencia. Ese solo de piano tiene que tener un nombre.
El café humeante con su toque torrefacto se desvanece al correr de las cortinas y el silencio de los coches cuando recuerdo que tengo un partido de Pádel con Roberto.”


Sexto Movimiento: “tras la ducha, le comento a Roberto lo de mi solo de piano sin orquesta y alucina de que no tenga nombre todavía. Considera que debe tenerlo y que yo no lo conozco, pero no sabe lo que dice. Ella no tiene nombre porque tengo su sabor intenso en mis labios, su ternura en mi pecho y su acrisolado pelo resbalando por mi cara. Ella no tiene nombre porque es un encuentro fortuito, como un terremoto que todo lo desordena, como el metro que llega tan a deshora que hace cambiar toda el sistema organizado. Como si levantaran la Castellana entera un lunes de mañana en hora punta, una locura, una sinrazón y una impostura. No, lo siento, ella no tiene nombre... todavía.”


Séptimo movimiento: “un mal día en el trabajo y de regreso por el metro espero no encontrármela de nuevo, hoy me siento odioso y odiado y temo vengarme en su mirada de este desastre de momento. No quiero pensar más en los errores cometidos, no quiero pensar en el tormento de soportar la caradura de la gente. No puedo entender cómo se puede aprovechar nadie de pequeños errores de cálculo haciéndolos cobrar tan caro. El metro apesta a metal y pan, la gente se ha vuelto fea de repente y pasa, esta vez sin tropezar, la anciana de la bolsa de la compra y el hombre del bigote engominado.
Este se queda quieto cuando ve pasar a la anciana y comienza a caminar, una vez que ha pasado y no le ha visto. Un pequeño gesto al arrancar le impide tropezar de nuevo y giro la esquina y... está ella de nuevo frente a mí. Nuevamente su sonrisa delata que no me espera deliberadamente y que sigo siendo una agradable sorpresa para ella. Un sol a mediodía tras una mañana de lluvia intensa, así es ella también para mí. Sus labios dulces se cruzan nuevamente como antes y caemos rendidos en una hoguera de silencio cuando el in crescendo de violines suena por primera vez en un compás lento de piano, relajante, dulce y apasionado.
Dormimos juntos nuevamente y cobra sentido la ciudad en sus brazos como una melodía organizada y afinada, poderosa e inclemente. La vida se hace paso en el vivir cotidiano y la sorpresa es un don perfecto, un regalo en forma de sinfonía. El séptimo movimiento es el mejor, el más poderoso y armónico de todos, una aurora de sol e improvisación, una pastoral juvenil y dichosa, un día de primavera con Walkirias a caballo de un firmamento perfecto. Quizás sea porque empezó mal el movimiento que lo sublime destaca con evidencia como el corazón latiendo en el medio de la polución de esta ciudad maldita”

Octavo movimiento: “otra vez se ha despertado y nuevamente se ha escapado dejándome dormido y sin conocer su nombre. Ya sé tanto de ella... y sé que tiene nombre a pesar de que no me lo ha dicho todavía. Sé que el piano destaca acompañado por violines y va mejor cuando es relajado y suave, que conserva la pasión al ritmo lento de la tarde. Sé que su piel es marfil y aroma de un naranjo en primavera, sé que su alma es agradecida y agradable, que ama y sabe amar. Mas no conozco el timbre de su voz, no conozco más de lo fortuito de su pasión ni del sabor de su sonrisa. Sé que es una sinfonía incompleta y un lugar perdido en un abismo de ruido y de torpezas. Sé que es un ser accidental, un accidente de la ciudad. El más agradable y cuerdo que jamás he sentido, es mejor que la soledad acompañada por las letras de un libro olvidado en la estantería, mejor que la paz tras la batalla.
Ella es pasión y compañía, su aroma destila sutilezas y fragancias insondables, la tenue brisa que acompañó a la creación. Un soplo, un hálito divino que engrandece el corazón y llena el alma derritiendo los muros de las prohibiciones en un mar de gelatina. Es el límite rebasado, un cántico espiritual y la libertad tras años de cautiverio. Es el deseo en paz conmigo mismo, la curva del placer acrecentada en el abismo de un ocaso que se oscurece en un paisaje dormido sobre el mar. Una isla en una paisaje de habitantes. Un réquiem de un alma santa entregado en caridad, el canto de Dios a su llegada, las puertas que se abren y las almas que se abalanzan en su busca. Una diosa de nieve y de metal.”

Noveno movimiento: “mi desesperación llega al paroxismo cuando espero en la escalera 68 y solo veo a hombres de bigotes engominados tropezando con ancianas y bolsas de Mercadona que se caen derramadas en el suelo. Cuando regreso a altas horas para encontrar el encuentro fortuito, subo y bajo la escalera tantas veces que ya sé el horario del pan y los bizcochos, los turnos del local y la ronda de vigilancia de memoria. Sé que Esteban sale de mañana con el perro, y Andrea y Saturnino van juntos a las tres. Sé donde viven y qué hacen, ya me tienen por el loco amable del Metro, un ser extraño que se oculta en ocasiones de forma sorprendente y dobla la esquina veinte veces a la hora. No saben lo que es una búsqueda desesperada y fortuita; no saben lo que es el aire cuando falta, ni la belleza de una cumbre nevada en el mismo momento que la has alcanzado. No saben que la adrenalina manda cuando te has atrevido una vez y la cabeza da vueltas en busca de la morfina que te prive del dolor que produce una ausencia como lo que es ella, la belleza misma en su propio frasco perfumado.
Nadie sabe que mi vida es ahora una pesadilla de ausencias, un momento tras el trabajo cuando las manecillas del reloj señalan que ella está tras una esquina. Y tras esa esquina, casi siempre la nada y la decepción de la nada. La armonía rota, los metales enloquecidos y los timbales horrísonos y fuera de lugar, los violines ya no suenan y todo es estridencia, ruido y desorden fuera de compás. Una cosa sola mantiene la cordura; al fondo, un único violín conserva la melodía victoriosa, lenta, tranquila y dando calma que amansa al metal primero y después a los demás. Un violín que palpita bajo el nombre de esperanza, un nombre que conserva la tensión y crea la calma. Una voz que dice, será siempre lo que fue aunque parece que se va.”


Décimo movimiento: “tras la tensión vivida, regresé a la calma del día a día. Tras un duro día de trabajo volví al metro evitando pasar por la escalera 68, el paso de la esperanza y la desdicha. El señor del bigote engominado iba delante siguiendo a una anciana con una bolsa de Mercadona en la distancia, evitando cruzarse, y les seguí pues intuí que algo extraordinario iba a pasar. Y sucedió que tras la esquina donde encontraba esos apasionados labios, la señora se detuvo y el señor engominado estuvo a punto de chocar, no lo hizo y se detuvo. Una risotada de triunfo salió de su garganta ante la mirada anonadada de la anciana, un gato negro pasó por entre sus piernas y el triunfo de vencer a la mala fortuna le llenó de dicha. Dio un salto y se marchó, al igual que la anciana. Tras ellos, continué mi lento caminar con las manos en los bolsillos; miré abajo, y apareció ella como una celestial visión. Chocamos nuevamente y mis labios cayeron en sus labios explotando en sensaciones nuevamente. Los olores, el sudor y la alegría palpitante se confundieron en un potente piano revestido de percusión y cuerdas. Un violín al fondo se apagaba, para dar paso a la entrada de diez violines alegres y rítmicos. La esperanza que finaliza si llega la alegría. Todo acabó entre las sábanas de mi cama, en silencio; en armonía victoriosa y en vigilia lenta y adecuada. Dormimos entrelazados nuevamente desde el ocaso a la aurora.
Mas, al llegar la mañana, con los rayos de sol encendidos sobre mi cama... ella ya no estaba. Busqué por todas partes, salté a la calle para ver si unos tacones alejados repiqueteaban en la acera y no la vi. Su nombre..., nuevamente olvidado sobre mi cama. Subí apesadumbrado las escaleras de mi casa y, al cerrar la puerta, sentí el vacío de su ausencia. Ella era el único motivo de mi existencia.
El sonido repentino de la ducha me devolvió la esperanza y el tranquilo son de un solo de violín que, relajado y vivo, surgía del fondo de una partitura olvidada. Cesó la ducha y la puerta fue abierta. Salió vestida con un albornoz negro, el pelo largo, ensortijado y cobrizo; una sonrisa espléndida y una piel pálida como la nieve, la porcelana o la mañana. El piano cadencioso devolvió la armonía a mi casa.”
  • Hola, me llamo Vida.
  • ¿Te quedas?
  • Hasta que la muerte nos separe.

Y un sonido de timbales precedió a la aurora del solo de piano épico de  unas walkirias victoriosas y, mojado de esperanza, se confundieron sus teclas con un metal diáfano como la mañana que lentamente quedó arrullada en un manto de violines suaves, lentos, relajados acompasados y melódicos.

Entonces la tome de mi mano y bailamos desde el orto hasta al ocaso.


FIN